En pie de lucha

AMLO partió a Claudia

Aunque para todo mundo la gran perdedora de las elecciones del 6 de junio fue Claudia Sheinbaum, el principal responsable de la derrota fue el presidente Andrés Manuel López Obrador, pues su política de dividir al país acabó por partir en dos la joya de la corona, que es la CDMX.

El mensaje para López Obrador es muy claro: las clases medias, cada vez más empobrecidas, no están dispuestas a perder lo que durante tantos años de esfuerzo han ganado, tan sólo por apoyar la política presidencial de que todos los mexicanos deben ser pobres para ser iguales.

Eso se refleja no sólo en la Ciudad de México, sino en las principales capitales y zonas urbanas  del país, donde Morena fue castigado. Y es que por inundar de programas sociales las zonas rurales, en las grandes ciudades no hay dinero para seguridad, economía y buenos servicios.

Cierto que ganó la mayoría de las gubernaturas en disputa, pero se llevó la gran derrota en la capital del país, que es la caja de resonancia y cuyas decisiones económicas, sociales y políticas influyen al resto de la República.

Y es que para nadie es un secreto que las clases medias son las que deciden las elecciones, y éstas no están en estos momentos con Morena.

Lo grave de esta derrota es que le corta las alas a su favorita para sucederlo en 2024, pues además de perder, Sheinbaum ahora tiene que gobernar a una ciudad dividida y con un Congreso local fraccionado, donde perdió su mayoría calificada y en una de esas hasta la simple.

Sería muy injusto culpar de la derrota sólo a Claudia, cuyo pecado principal ha sido abandonar su propia visión de gobierno, en aras de seguir en todas al presidente. También pesan los pésimos gobiernos que los alcaldes morenos han hecho en la ciudad.

 

Pero la política de sumisión a López Obrador le pasó la factura a la jefa de Gobierno, pues las políticas llamadas de austeridad de la 4-T, no sólo han lastimado a las clases medias, sino a los trabajadores e incluso a los militantes de la verdadera izquierda.

En realidad, más que reprobar a Sheinbaum, en la Ciudad de México hubo un voto de castigo contra el presidente, cuyas políticas han devastado los servicios públicos, y sobre todo de salud y el empleo.

La derrota debe obligar a preguntarse si no es el final izquierda actual, pues se está imponiendo un gobierno conservador y retrógrada, que está absorbiendo parte de la estructura que durante décadas formó el PRI.

A los capitalinos les gustan las acciones progresistas, pero además anhelan una ciudad de primer mundo en todos los sentidos, pero ni el PRD ni ahora Morena han logrado concretar esa expectativa.

Al contrario, desde su llegada al gobierno en 1977, como nuevos ricos, se corrompieron y se dedicaron al clientelismo político, mediante la conformación de tribus que se enfrascaron en luchas internas por el poder y el dinero.

Quien diga que perder la capital no es una derrota para el propio López Obrador, olvida que la CDMX es una de las ciudades más abiertas e informadas del país. Es donde se construye el debate y donde están asentadas las sedes de los poderes del Estado.

También confluyen los principales centros de investigación y pensamiento; en esta ciudad todo se ve, se oye y se comenta, pues sus habitantes están altamente politizados.

Por eso la decisión de Sheinbaum, de no gobernar a partir de sus principios políticos ni formar un liderazgo propio, le cobró factura con los habitantes de la capital en las pasadas elecciones.

Pero si el presidente contribuyó a la derrota de Morena en la CDMX, también lo hicieron los alcaldes de su partido, quienes formaron tribus para atraer a sus grupos de interés con dádivas y operar para mantenerse en el poder, descuidando sus gobiernos.

Los únicos que conservaron sus alcaldías son precisamente quienes se saben mover entre tianguistas, ambulantes y líderes territoriales corruptos.

Quizá no recuerden que la CDMX es el corazón político de la izquierda, y que aquí fue donde se consolidaron como movimiento con el nacimiento del PRD, lo que les dio oportunidad también de formar estructuras políticas y ser gobierno.

La capital podría ser el tumor para Morena que se expanda al país, pues es un lugar donde confluyen personajes de todas las ciudades. Hay grandes diferencias sociales pero al mismo tiempo un gran desarrollo que enorgullece.

Es un lugar que ofrece oportunidades, pero también peligros a cada paso, como el fatal accidente de la Línea 12 del Metro que dejó 26 personas muertas y que le cobró factura a la jefa de Gobierno y su partido.

Claudia no fue capaz de construir una nueva narrativa, y en nada le ayudó el presidente mandando al carajo a las víctimas, al negarse a visitarlas. Tampoco fue buen visto que defendiera una vez mas a Florencia Serranía y la mantuviera como directora del Metro.

En fin, todos los jefes de Gobierno anteriores a ella tuvieron que negociar con presidentes que no eran de su partido, lo que les dio oportunidad de contrastarse, tomando las riendas del progreso, libertades y transparencia

Sheinbaum no tuvo esa oportunidad, pues pertenece al mismo proyecto y decidió plegarse al pragmatismo y atender lo que le dictan e imponen desde Palacio Nacional.

Olvidó que su obligación está primero con sus gobernados, aun a costa de contradecir las opiniones que salen de Palacio Nacional.

No supo ser contrapeso y permitió que López Obrador le impusiera sus políticas conservadoras, que la distanciaron de los capitalinos, quedando en medio de una sociedad partida en dos.

 

 

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