Opinión

Memoria fresca

La voz, potente como un rayo, adquirió un tono doctrinario.

Misteriosamente dejó de lado lo estruendoso para matizar y lanzar lo que semejaba ser una plegaria:

Cuando la política abandona su principal misión, que es servir a la gente, más vale cambiar de tarea.

La disertación, abundante de tonalidades, estaba salpicada de modulaciones para mezclar el mensaje.

A cada frase, nacida en ese rostro del rollizo cuerpo, se imprimía la tonalidad de una letanía.

El poder y el dinero tienen que orientarse a resolver los satisfactores que la sociedad reclama. Dejar de hacerlo, equivale a convertirse en verdugos de quienes confiaron en uno.

Vientre abultado, carnoso, que se estremece con los respiros.

En el aire, están los manoteos que siguen a cada expresión. Como si quisieran partir en pedazos cada espacio.

Él, viste una florida camisa y mientras infla las mejillas al grado que pareciera van a explotar, suelta lo que semeja un sermón:

Darle la espalda a la gente, es lo mismo que pasarle por encima una aplanadora. Significa aniquilarlos.

La burla y el engaño, son imperdonables. Dignos de usarse para mandar al infierno a quien los utiliza como artimaña y disfruta de la ironía que les lastima.

Quien lanza esas sentencias, es Óscar Flores Tapia. Un hombre versado que gusta de exhibir su bagaje cultural y el dominio que tiene de lo que considera es hacer política.

Llamado el poeta bronco del desierto, quien fuera gobernador del estado de Coahuila, se regodea con sentir que imparte una cátedra.

Mira, especifica, tú como yo conocemos los 38 municipios de esta tierra pródiga que vio nacer a Venustiano Carranza, a Francisco I. Madero, a Ramos Arizpe y su federalismo.

Los dos sabemos que en mi tierra se firmó el Plan de Guadalupe y que vio nacer a grandes revolucionarios. A hombres libertarios que dieron la vida por principios y legados que no pueden tirarse a la basura.

Explica:

El político que escupe al cielo y que llega con engaños, es castigado por la historia.

No podemos permitir que el desprecio, la humillación y la ironía, se conviertan en la herencia de los desposeídos.

Durante su gobierno Flores Tapia fue relacionado con el contrabando de anilinas, pinturas para teñir telas, pero siempre sostuvo que era una venganza política que lo llevó a dimitir.

La plática tiene lugar, a mediados de los años 80, en un restaurante de Coyoacán. Justo cuando añora haber sido víctima del sistema.

Sin que se convierta en un tema peyorativo, se le recuerda que él propuso enlatar huevos estrellados para exportar. También utilizar camellos para viajar por tierras desérticas y nacionalizar el pensamiento.

Antes de responder, fija la mirada en las alturas. Lanza un suspiro y precisa:

Algunas frases la usé como metáforas. Otras fueron utilizadas con sarcasmo para denostar las políticas públicas que eran exitosas y que sirvieron para impulsar el desarrollo de la entidad.

Una ridiculez que es clásica en las esferas del poder. La venganza, indica, es un método al que se recurre para ajustar cuentas en todos los regímenes de nuestro México.

Periodista, escritor y político, fue Senador de la República, dirigente  de la CNOP y Gobernador Constitucional del Estado de Coahuila.

Durante su administración, impulsó el desarrollo industrial y agrícola  creó el Teatro de la Ciudad en Saltillo, Casas de la Cultura y el Colegio Coahuilense de Investigaciones Históricas, del que fue presidente a la muerte de don Federico Berrueto.

Fue impulsor de la educación, la cultura y creó la infraestructura urbana de Saltillo, y además gestionó, negoció y facilitó la instalación de las plantas armadoras General Motors y Chrysler en Saltillo Coahuila, su lugar de origen.

El nacionalismo, dice, es un principio que debemos defender a toda costa. La identidad del suelo que nos vio, tiene que convertirse en una religión de la que debemos ser devotos.

Curiosamente Óscar Flores Tapia nació en una fecha que destaca esos principios, el 5 de febrero.

A su muerte, fue sepultado en la Rotonda de los Coahuilenses Ilustres.

Y queda presente el comentario con que finalizó aquel encuentro:

La política no es una parodia, sino una oportunidad para erradicar las injusticias que descalabran la vida de nuestros semejantes.

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