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Por desempleo, divorcios, salud afectada y pérdida de derechos

Según el Inegi, en México hay a quienes el desempleo no sólo afecta en su economía, sino en su salud y les representa un mayor gasto en salud

El desempleo puede ser una de las experiencias más traumáticas para las personas que lo viven, ya que impacta todos los ámbitos de su vida, incluida la salud.

La consecuencia más frecuente y común en la salud, por la que atraviesa una persona por falta de empleo, es la depresión, explican  investigadores, pero además existen otras complicaciones asociadas y derivadas al desempleo, tales como:

Desesperación, angustia y ansiedad, muchas veces canalizada en un mayor consumo de sustancias o bien la ingesta desmedida de alimentos para saciar la tristeza tras perder el empleo.

La necesidad de buscar empleo genera estrés, y quienes no saben controlarlo, suelen tener peor salud mental que el resto de sus competidores.

A nivel familiar, puede generar conflictos con la pareja debido a los problemas económicos, incluso provocar divorcios.

Enfermedades crónicas. El estado anímico merma la salud en general, y si no es causa directa, si se asocia con el desarrollo o prevalencia de diabetes, hipertensión y hasta problemas cardiovasculares.

A nivel social, el desempleo genera marginación y discriminación en determinadas poblaciones, por lo que una persona desempleada se aísla, deja de disfrutar sus actividades y padece letargo y fatiga crónica, además de que puede asociarse con conductas violentas y delictivas.

Además de aprender a sacar y valorar las ventajas competitivas frente a la falta del empleo, especialistas recomiendan que para evitar consecuencias en la salud por desempleo, las personas aprendan a invertir su tiempo y esfuerzo en empleos que logren mantenerlos ocupados pronto y en condición de salud aceptable, a partir de lo cual se puede volver a escalar la pirámide laboral.

Las empresas no son ajenas al problema del desempleo, pues sobre ellas recae gran parte de la responsabilidad en materia de contratación. Sin embargo, no todos los tipos de desempleos impactan de igual manera.

El desempleo cíclico o coyuntural es el que mejor se ajusta a las características del desempleo actual. A su vez, se trata del tipo de desempleo más nocivo para la economía ya que está en función del crecimiento o decrecimiento de la iniciativa privada. Como sabemos, la actividad empresarial está sujeta a fases de expansión y recesión de la economía, y ello inevitablemente afecta al número trabajadores afectados.

Cuando la economía va bien, durante las fases de expansión, el desempleo cíclico disminuye; mientras que en fases de recesión como la actual, este tipo de desempleo se dispara por las nubes con relativa facilidad.

AJUSTES PERNICIOSOS

El papel que juegan las empresas resulta bastante complicado, debido a que la mala coyuntura económica también perjudica los resultados empresariales de estas organizaciones. Si las ventas de las empresas disminuyen, estas no tendrán más remedio que ajustar márgenes y, para ello, el despido de trabajadores y la nula contratación se convierten en el camino más fácil para volver a ganar en competitividad.

El desempleo estacional tiene su razón de ser en el hecho de que existen ciertas actividades profesionales que sólo requieren de mano de obra en determinadas épocas del año. Por ejemplo la agricultura, donde hay temporadas altas y bajas en función del tipo de cultivo; o al turismo, que necesita a muchos trabajadores sólo durante la época veraniega y a pocos o ninguno durante el resto del año.

La única alternativa para suavizar este tipo de desempleo pasa por la diversificación de la estructura productiva. El objetivo de dicha diversificación no sería otro que romper la dependencia excesiva de las actividades estacionales. Sin embargo, para muchas empresas esta misión es bastante complicada.

Una empresa del sector turístico como un hotel, por ejemplo, depende totalmente de la afluencia de turistas a sus instalaciones. A más turistas, más trabajadores y más empleo, y ello ocurre principalmente en verano y fechas festivas. Diversificar la estructura productiva en estos casos se antoja bastante complicado.

El desempleo estructural es un tipo de desempleo muy difícil de combatir, ya que viene explicado por los desajustes entre la oferta y la demanda de trabajado. Se da cuando los empresarios buscan un perfil profesional que no puede ser cubierto con la demanda de empleo existente.

Posiblemente se trate del tipo de desempleo más preocupante que existe, ya que tiende a perdurar en el tiempo debido a la inadecuación técnica de los trabajadores con respecto a las vacantes o al exceso de solicitantes de un determinado puesto de trabajo en relación a las vacantes ofertadas.

Para combatir este tipo de desempleo las empresas han de incentivar y fomentar la polivalencia y la capacidad de reciclaje de sus trabajadores. Para ello, los programas de formación y reconversión profesionales juegan un papel destacado. La inversión en nuestros trabajadores es esencial si no queremos que estos se queden obsoletos respecto a las futuras necesidades que nos puedan surgir.

El desempleo friccional es un tipo de desempleo voluntario que se da principalmente en épocas de expansión económica. Se refiere a personas que aun pudiendo tener un trabajo, deciden tomarse un tiempo libre para mejorar su formación, descansar o encontrar un puesto de trabajo mejor que el que tenían. También englobaría a las personas que dejan su trabajo para cuidar a sus hijos o a los que buscan su primer empleo al terminar los estudios.

Para combatirlo, las empresas pueden optar por la contratación indefinida, ya que de esta forma incitan a los trabajadores a crecer profesionalmente en su organización. Sin embargo, para que la contratación indefinida resulte eficaz es imprescindible que las empresas proporcionen una formación continua a sus empleados y les ofrezca unas condiciones de trabajo que les permita a estos reciclarse profesionalmente.

EFECTOS DIRECTOS

El desempleo conlleva una disminución de los ingresos y, por tanto, produce cambios en el estilo de vida. Se producen cambios radicales en la forma de vivir, pues se vive con la incertidumbre de no saber cuánto tiempo durará esa situación. En tales circunstancias, se tiende a ser precavidos y reducir drásticamente los gastos.

Tiene una gran repercusión en el ámbito familiar, intensificando las relaciones existentes con anterioridad. Puede producir gran tensión y desestabilizar las relaciones familiares perjudicándolas o, por el contrario, la familia puede ser el gran apoyo y encontrar en ella el empuje y ayuda necesaria para buscar otro empleo, transmitiéndole confianza y seguridad.

La pérdida de empleo también produce una reducción de las relaciones sociales. Inevitablemente se pierde el contacto con aquellas personas que son imprescindibles para poder desarrollar nuestro trabajo

El desempleo puede traer consecuencias psicológicas negativas como disminución de la autoestima, depresión, ansiedad y más. Produce un empobrecimiento del concepto que se tiene de uno mismo. La forma de reaccionar ante el desempleo dependerá entre otros factores de la personalidad de cada uno. Hay quienes con inmediatez empiezan a movilizarse para salir de esa situación, actuando de forma positiva y esperanzada, confiando en sus posibilidades, y otros, por el contrario se sienten hundidos y sin fuerzas para iniciar la búsqueda de empleo, pierden la confianza en sí mismo y en sus capacidades.

No obstante, hay una serie de sentimientos comunes que sufren quienes han perdido su trabajo. Entre ellos destacamos los siguientes:

Sentimiento de vergüenza. La persona desempleada suele sentirse avergonzada por esa situación, responder a la simple pegunta “¿en qué trabajas?”, les produce malestar. Este sentimiento surge tanto por el hecho de estar desempleado como por tener que buscar un empleo. La intensidad en que se sufre dependerá de diversos factores como la edad o el tiempo que lleve desempleado.

Sensación de fracaso. Es frecuente encontrar personas desempleadas con sensación de fracaso, por no haber logrado permanecer en ese puesto de trabajo, con la sensación de haber fallado.

El desempleo no afecta por igual a todas las personas, su efecto no es comparable en una persona joven e independiente que ha perdido su empleo con un padre de familia que tiene que hacer frente a los gastos familiares.

En medio de esta situación se presenta la depresión general de muchas personas y el ambiente general del país.

El desempleo tiene muchos efectos negativos sobre las personas y el país que lo sufre. El más obvio es que muchas familias se quedan en una situación de precariedad que les impide satisfacer sus necesidades básicas.

Entre los efectos del desempleo, se clasifican los económicos y sociales:

Con frecuencia está la afectación en la calidad de vida. Por un lado, el tener trabajadores desocupados supone una gran cantidad de factor trabajo que no se está utilizando y por tanto de bienes que no están siendo producidos. A menor producción menos bienes y por tanto se pueden satisfacer menos necesidades. Ese es uno de los graves efectos del desempleo.

En otro plano, los países que sufren desempleo aumentan el gasto del Estado, no pudiendo así destinarse este dinero a otros fines. Por ejemplo el recorte del gasto en obras públicas, educación sanidad  o en investigación.

Los periodos de desempleo desaniman a los trabajadores, desincentivan su reciclaje profesional (que se formen para poder ser mejores trabajadores) y comportan graves problemas de estabilidad emocional (depresiones, estrés y otras), lo que provoca peores condiciones para acceder a nuevos empleos. Todo esto afecta a muchas familias y parejas.

Por si todo esto fuera poco, aparece la discriminación a determinados grupos sociales. Los jóvenes, las mujeres y los adultos mayores de 55 años, suelen verse muy perjudicados en épocas en las que el desempleo aumenta.

El desempleo juvenil  se encuentra por arriba del 50% (es decir, más de la mitad de los jóvenes menores de 25 años que buscaban trabajo, no pueden encontrarlo).

Los jóvenes sin duda suelen ser uno de los principales grupos perjudicados en todas las crisis. Los mayores de 55 años también suelen tener graves problemas. El caso de las mujeres es también bastante grave, las mujeres sufren discriminación en todos los niveles. Enfrentan más problemas para encontrar trabajo, cobran menos y tienen dificultades para ascender.

Los datos del INEGI en el mes de julio de 2020 muestran que las personas en jornada parcial pasó de 14.6 millones a 12.6 millones y en el régimen de jornadas completas se colocaron 33.1 millones.

La ENOEN destacó que de los 12 millones de empleos perdidos en abril debido a la pandemia de la COVID-19, en julio 7.2 millones regresaron a sus puestos de trabajo. Además 1.5 millones de personas se sumaron a la PEA.

En el mes de julio de 2020 la población ocupada en México fue de 49.8 millones de personas. El dato supuso una disminución de 2 millones específicamente en el rubro de jornadas de tiempo parcial. En el mes, el desempleo alcanzó a 2.8 millones de mexicanos.

El Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) dio a conocer los datos de la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (Nueva Edición) (ENOEN), del séptimo mes del año. Se observó que, el desempleo disminuyó a tasa mensual 0.1 por ciento hasta 5.4 puntos de la Población Económicamente Activa (PEA); a tasa anual el dato corresponde a un aumento del 1.7 por ciento de la población total.

El Presidente Andrés Manuel López Obrador dijo que el primer día de septiembre se crearon 2 mil 930 empleos, además, 15 estados mantuvieron al alza la tasa, sobretodo en la zona fronteriza. Destacó que en agosto, particularmente en el estado de Tabasco creció la oferta laboral debido a la construcción de la refinería de Dos Bocas.

Sin embargo durante el mes de junio, la población desocupada en el país fue de 5.5 por ciento de la Población Económicamente Activa (PEA), lo que representó un avance de 1.3 puntos porcentuales respecto al mes inmediato anterior y de 1.9 puntos con relación al mismo mes de 2019, según información del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI).

Por lo que con base en los resultados del tercer levantamiento de la Encuesta Telefónica de Ocupación y Empleo (ETOE), en junio de 2020 la población desocupada fue de 2.8 millones de personas contra 1.9 millones en mayo, unas 901 mil personas más que en el quinto mes del año.

Por sexo, en el sexto mes del año la desocupación en mujeres se incrementó 2.1 puntos porcentuales respecto a mayo pasado, a 4.8 por ciento de la PEA, y la de hombres avanzó 0.8 puntos, a 5.9 por ciento.

En junio pasado, la población ocupada en el sector informal se ubicó en 25.6 millones de personas, 3 millones más que en mayo del mismo año.

En hombres, el aumento en la ocupación informal fue de 1.9 millones y en las mujeres de 1.2 millones de personas entre mayo y junio del año en curso.

Los números de la ETOE indican que durante junio, la Tasa de Informalidad Laboral (TIL) se situó en 53 por ciento de la población ocupada, cifra mayor en 1.2 puntos porcentuales comparados con las del mes previo.

La TS se refiere a las personas ocupadas que tienen la necesidad y disponibilidad de ofertar más tiempo de trabajo de lo que su ocupación actual les demanda.

El INEGI informa que entre las medidas tomadas para contener la pandemia del Covid-19, el Consejo de Salubridad General y la Secretaría de Salud suspendieron el levantamiento de las encuestas en forma presencial, entre ellas la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE).

No obstante, dada la relevancia de la información sobre ocupación y empleo durante el periodo de distanciamiento social para contener el contagio del Covid-19 entre la población mexicana, el INEGI llevó a cabo el tercer levantamiento de la ETOE.

El INEGI registró que 2.1 millones de personas que perdieron sus empleos, pero fueron catalogadas como población económicamente inactiva.

La primera Encuesta Telefónica de Ocupación y Empleo (ETOE) que presentó el INEGI reveló que 12.5 millones de personas perdieron su empleo en abril, sin embargo, éstas no fueron tomadas en cuenta para calcular la tasa de desempleo porque se consideró que no formaron en ese mes parte de la Población Económicamente Activa, al no buscar trabajo por la cuarentena.

La Encuesta Telefónica de Ocupación y Empleo reportó que la Población Económicamente Activa pasó de 57.4 millones de personas en marzo a 45.4 millones en abril, de acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI).

La diferencia son los 12.5 millones que se encontraban en un estado de suspensión laboral temporal ocasionado por la cuarentena. Se trata de una suspensión sin percepción de ingresos de por medio y sin certeza de si se mantiene el vínculo laboral o de retorno al trabajo.

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