Opinión

Memoria fresca

Llamarlo por su nombre original, es inútil.

Todo a su alrededor se mueve con un nombre artístico, un seudónimo con el que le ha dado la vuelta al mundo.

La sonrisa, pone al descubierto una dentadura que hace recordar una mazorca. En automático se lleva la mano derecha a la cabeza y con los largos y delgados dedos se acomoda los cabellos.

El pelambre, abundante por cierto, es lacio. Tan laxo, que es imposible mantenerlo en su lugar.

—Te pasa lo a Neftalí Ricardo Reyes Basoalto, —le comentamos.

—Y ese ¿quién es? —replica.

Nada menos que Pablo Neruda.

El nombre real de ese ya nada joven de espigada figura, la misma con que lo conocimos 30 años atrás, es Juan Figueroa Rodríguez.

Nativo de Atoyac de Álvarez, Guerrero. Aunque él miente para darse caché. Dice haber visto la luz primera en Acapulco. Nació el 6 de septiembre de 1951.

Artísticamente es conocido como Juanello.

Intérprete de una canción que causó furor: Espejismo.

El mismísimo cantante mexicano a quien vimos alternar (en la década de los años 70) con figuras como Leo Dan, Palito Ortega y King Clave.

Una terna de argentinos que invadían la audiencia y la programación de estaciones de radio en México. Ídolos en todo su esplendor y a quienes arrebató las carteleras.

En los hogares de la República Mexicana, y buena parte de América Latina, las letras de Mary es mi amor, Prometimos no llorar, Vestida de novia y Los Hombres no deben llorar, eran un éxito abrumador. Auténticos hits.

Pero de la nada hizo su aparición Juanello y les arrebató las clasificaciones en las emisoras radiofónicas. Arrebató audiencia en lugares donde alternaban y se convirtió en ídolo.

Circulan diversas versiones respecto al origen de Espejismo, él cuenta la realidad.

Revela: Yo trabajaba vulcanizando zapatos tenis en una fábrica que se ubicaba en la colonia Tacuba, de la Ciudad de México. Era un obrero sin porvenir ni futuro alguno.

El hijo de mi patrón siempre me encontraba cantando o tarareando música cada que nos visitaba. Nos hicimos amigos y le conté que desde niño me gustaba la artisteada.

Me dijo que también disfrutaba de las armonías y del canto. Que, incluso, había compuesto una canción pero su papá odiaba a los artistas y el mundo de la farándula.

Una tarde, prosigue Juanello, me dijo que interpretara la letra de su composición. Le gustó cómo lo hice. Sin tanto pensarlo me dijo: es tuya, te la regalo.

Le respondí: Pero yo para qué la quiero, qué hago con ella.

Como respuesta me confesó que él era amigo del director de Discos Musart y que ya me había conseguido una cita para una audición. Me dio fecha y hora para acudir.

Llegó el tiempo fijado. Me entrevisté con el personaje y me dijo que haría una prueba acompañado de la ¡Sonora Santanera¡ Argumenté que el ritmo era diferente, pero no me hicieron caso.

Afortunadamente, explica el guerrerense, ellos no llegaron y me pidieron que la grabara acompañado de un tecladista que andaba por ahí.

Fue el momento preciso, porque realicé la grabación y en poco tiempo me coloqué en las listas de popularidad. He vivido de las regalías por décadas enteras.

Le recordamos haber coincidido en Piedras Negras, Coahuila, durante una presentación en la Plaza de Toros, en una cena en el hotel Cuatro Caminos de Sabinas y Los Ángeles cuando debutó en el Million Dólar.

Ahí, en ese teatro de California, recuerda Juanello, atiborré el lugar. Sorprendido por lo que ganaba, le dije a mi representante que no quería el dinero. Que me regalara un boleto para viajar en el avión concorde, Una icónica nave aérea que era la novedad.

Y así fue. Viajó a todo lujo.

Me sentía un magnate, admite Juanello.

Siete lustros después de aquella aventura, nos volvemos a encontrar en un palapa donde se consumen mariscos en Chilpancingo, Guerrero.

El artista que conmocionó a la audiencia, el que vendió millones de discos y fue ovacionado por multitudes desenfrenadas y delirantes, se gana la vida acompañado de pistas grabadas.

Paradojas de la vida: los comensales no saben su estatura y dimensión artística. Mientras ingieren alimentos o consumen bebidas espirituosas ni lo toman en cuenta.

Raro que llegue a escuchar un aplauso. Hasta que se les hace saber que es una figura que posicionó a México en los ratings de popularidad internacional.

Con humildad Juanello agradece y acepta realizar un recorrido de evocaciones de aquellas inolvidables épocas de gloria.

Resume, mi vida parece un Espejismo.

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