Opinión

Ingreso básico temporal: que la razón lo decida

En memoria de Don Rosendo Salazar Alamo (1888-1992): Luchador Social Ejemplar, un hombre que vivió su vida de manera ejemplar, que supo equilibrar con toda coherencia el ejercicio intelectual y la imaginación creativa, la sensibilidad subjetiva del artista, con la conciencia histórica de su tiempo; Medalla: Belisario Domínguez, ideólogo del movimiento obrero mexicano, grande como poeta, Rosendo Salazar estableció sus propias bases didácticas con maestría y destreza, que seguramente envidiarían muchos brillantes alumnos con educación universitaria. Miembro de los batallones rojos de nuestra Revolución y uno de los fundadores de la Casa del Obrero Mundial, hoy invadida por un rebaño de malhechores sostenidos por su pastor que les permite despojar y violar la ley. No pasa por alto la irresponsabilidad del presidente de un Congreso del Trabajo claudicante, agonizante, disperso y sin sentido, que la ha dejado en el abandono y olvido.

Con todos los buenos recuerdos del pasado, uno tiene que vivir la realidad del presente y eso significa un reto que exige diálogo con información, estudio, tolerancia, inconformidad y razonamiento.

Hay tiempos sin precedentes que exigen medidas sociales y económicas sin precedentes“, lo que padecemos actualmente es uno de esos tiempos, ¿qué esperamos?

Para los historiadores cada suceso es único. Desde la economía, sin embargo, se sostiene que hay fuerzas en la sociedad y en la naturaleza que siguen patrones repetitivos: Charles Kindlerberger.

El Estado sólo se siente forzado a actuar cuando el capital fracasa en su empeño por impulsar los salarios a la baja y cuando los nuevos modelos de negocio se ven amenazados bajo una avalancha de condiciones negativas; solo entonces el Estado se ve obligado a formalizar nuevos sistemas, a recompensar las nuevas tecnologías, suministrando capital y protección a los innovadores.

El papel del Estado en las grandes transformaciones está suficientemente bien documentado y explicado; sin embargo, lo que se minimiza en exceso es la importancia de la clase social. Pongamos de ejemplo, la resistencia obrera como un mero subconjunto dentro del problema mas general de la <<resistencia al cambio>>.

Hay opiniones, que esa resistencia de los trabajadores desempeña una función crucial a la hora de responder a la crisis, quizá sea porque siempre son ellos a quienes se les pide mayores sacrificios. Se enfatiza que las clases medias emergentes y trabajadora son extremadamente susceptibles a las mutaciones de la economía, identificando tres fuentes de vulnerabilidad; a)desempleo y precariedad salarial; b)sobre endeudamiento;  c)enfermedades catastróficas, riesgos del trabajo, discapacidad y muerte.

Es la resistencia de la clase trabajadora la que impide que el sistema se adapte recurriendo a una mano de obra barata, sin innovación tecnológica. Pero si la clase obrera es capaz de resistir ante el desempleo, la precariedad salarial y los ataques al sistema de salud y seguridad social, los innovadores entonces se verán obligados a adoptar nuevas tecnologías y modelos de negocio que puedan restablecer el dinamismo sobre la base de unos sueldos más elevados es decir, a través de la innovación y del aumento de la productividad, y no de la explotación.

En los cuadernos donde escribía el teórico italiano Antonio Gramsci, desde prisión, reconocía que las sociedades capitalistas desarrolladas tienen capas y capas de defensa. El Estado, señaló, <<solo era una trinchera avanzada, detrás de la cual había una robusta cadena de fortalezas y refugios>>. Y una de las fortalezas de esos refugios es la capacidad del capitalismo para la innovación. Nikolai Kondratiev concebía la dinámica de la inversión de un capital como la causa primordial de las crisis al final de ciclos de 50 años; El capitalismo tiende generalmente a adaptarse y mutar. (“Los ciclos largos de la coyuntura económica”; 1926).

La teoría de la crisis de Marx, bien entendida, proporciona una explicación más detallada que se suma a la de Kondratiev sobre los factores que impulsan las grandes mutaciones y porqué estas podrían dejar de producirse. Pero el  Marx que nos debe interesar es sobretodo el hombre que evidenció poseer una imaginación del siglo XXI atrapada en un cerebro del siglo XIX.

Dice António Guterres Secretario General de la Organización de las Naciones Unidas: “La COVID-19 no es sólo una llamada de atención, es un ensayo general para los desafíos mundiales que están por venir”, por lo que debemos continuar adelante con humildad y reconocer que un virus microscópico ha puesto de rodillas al mundo”.

Millones de empleos se han perdido, crece desigualdad y pobreza; ¿qué esperamos

Desde el 23 de julio pasado, un informe del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) organismo de la ONU que encabeza; “La Respuesta  Socioeconómica a la COVID-19. Entendiendo que la Salud y los Ingresos están Intrínsecamente relacionados consideraba que: la introducción inmediata de un ingreso básico temporal destinado a las personas más pobres del mundo podría aminorar el aumento de casos de COVID-19 al permitir que cerca de 3.000 millones de personas permanecieran en sus hogares durante la pandemia. 

Titulado “Temporary Basic Income: Prorecting Poor and Vulnerable People in Developing Countrie”.  (Ingreso Básico Temporal: Proteger a las Personas Pobres y Vulnerables en los Países en Desarrollo), se estimaba que costaría US$ 199.000 millones ofrecer un ingreso básico garantizado durante seis meses a los 2.700 millones de personas que viven por debajo o apenas por encima del umbral de pobreza en 132 países en desarrollo.

El PNUD al evaluar los efectos socioeconómicos de la COVID-19 en más de 60 países en los últimos meses y, según los datos obtenidos, conocía que los trabajadores que no cuentan con protección social no podían permanecer en sus hogares sin generar ingresos, porque 7 de cada 10 trabajadores generan su sustento a través de mercados informales y no pueden obtener ingresos si permanecen en sus hogares.

Muchas de las personas que no gozan de la cobertura de programas de seguro social son trabajadores informales, trabajadores con salarios bajos, mujeres, jóvenes y personas con discapacidad, los más afectados por la actual crisis se encuentran desempleados.

Tenemos que reconocer la realidad globalizada de hoy; las economías nacionales no pueden funcionar con una pandemia fuera de control donde solo los países desarrollados han podido socorrer a sus propias comunidades.

El Programa, ayuda a los gobiernos a ofrecer protección social y aplicar medidas, como un ingreso básico temporal para que las personas que no gozan de la cobertura del seguro por desempleo puedan permanecer en sus hogares y evitar infectarse, al tiempo que siguen percibiendo ingresos.

Un ingreso básico temporal puede brindar los medios necesarios a millones de trabajadores que involuntariamente han perdido su empleo para comprar alimentos y costear sus gastos de salud y educación. Además, es una medida viable desde el punto de vista financiero, ya que ese ingreso para un plazo de seis meses costaría solo el 12% del total de la respuesta financiera a la COVID-19 prevista para 2020, o el equivalente a una tercera parte del monto que los países en desarrollo deben pagar por su deuda externa en 2020.

En el informe se ha determinado que esa medida es viable y urgentemente necesaria, ya que la pandemia del coronavirus SARS-CoV-2 no muestra síntomas de remisión y continúa avanzando de forma inexorable.

México: 700.580 contagiados; 73.697 defunciones. Mundo: 31,385,595 contagiados; 966,134 defunciones que al 22 de septiembre 2020.

La existencia de pequeñas y poderosas élites económicas suele estar asociada a una alta desigualdad de ingresos, riqueza y oportunidades; pareciera olvidarse que el crecimiento económico y la prosperidad sobre el bienestar social dependen crucialmente de la manera en que el ingreso y la riqueza son distribuidas en la sociedad.

No es ocioso recordar que las sociedades desiguales y económicamente polarizadas, con fuertes élites, con una clase media emergente y un sector obrero débiles y frustrados, son susceptibles a ser atraídas por el autoritarismo y el populismo; la alta desigualdad y el descontento social tienden a estar correlacionados con el conflicto social, los ciclos autoritarios, el populismo y las recurrentes crisis económicas.

Por eso la respuesta es, un diálogo social con la participación de los trabajadores en el espacio donde se planifica la economía buscando atraer la confianza de los mercados financieros con el fin de reactivar la economía de los países en crisis. No se pasa por alto que la mejora de la confianza de los mercados de capitales se obtiene, generalmente, al costo de una contracción de la producción, un aumento del desempleo, recortes salariales y una perdida de beneficios sociales para las clases trabajadoras y las clases medias emergentes, los segmentos estabilizadores y democráticos de la sociedad que hasta hoy no son escuchados.

Diversos observadores, entre ellos el Premio Nobel de economía Joseph Stiglitz y Noam Chomsky, han enfatizado que las personas que sufren el costo de las políticas erróneas —principalmente los trabajadores— debieran tener la oportunidad de participar en la definición de la asignación de los costos de ajuste entre distintos grupos sociales. Una aplicación efectiva de los principios básicos de la democracia postula que las personas afectadas por las decisiones económicas no sólo merecen ser escuchadas, sino también que efectivamente tengan una silla en la mesa de decisiones. Sin embargo, los sindicatos y clases medias emergentes; No tienen voz para expresar sus razones e impedir decisiones que les afectan, y que son adoptadas por instituciones financieras internacionales y se teme que ante el arribo del Postcapitalismo no será la excepción.

Sería prudente recordar aquel mensaje de Don Fidel Velazquez el 24 de febrero de 1978: “Ha llegado el momento de decidir entre el pueblo y sus explotadores….si la decisión es por el primero cosa que no ponemos en duda, hay que proceder de inmediato a organizar la defensa de sus legítimos intereses”. ¿Qué esperamos?

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