En pie de lucha

AMLO sugiere ser pobres

Un chiste que anda circulando en las redes sociales define lo que muchos piensan de la reciente  declaración del Presidente de la República, en la que advierte que su gobierno está a punto de apretar la tuerca, pasar de la Austeridad Republicana a la Pobreza Franciscana.

“Estoy muy viejo para vivir en socialismo. Soy adicto a los lujos del capitalismo como el papel higiénico, las tres comidas al día, agua, limpieza, zapatos, ropa limpia y que mi perro sea mi mascota y no mi cena”.

Aunque más que chiste, la frase formó parte de la campaña electoral que impidió en Ecuador la llegada de un socialista tipo Andrés Manuel López Obrador, que quería imponer un sistema como los de Venezuela, Cuba o Nicaragua.

Los ecuatorianos abrieron los ojos a tiempo y no se dejaron seducir por estos falsos profetas, impidiendo en las urnas que llegara un defensor de lo que hoy propone para México su presidente.

Pero a todo esto, ¿qué quiere decir el tabasqueño con la Pobreza Franciscana que quiere que todo mundo profese en el país?

En términos llanos, López Obrador se refiere a la forma de vida de San Francisco de Asís, que quizo imitar a Cristo y decidió vivir en la pobreza. Para ello fundó la orden franciscana, cuyos monjes deben comprometerse a llevar una vida austera y lo que le sigue.

Si eso quiere el Presidente para él y su familia, pues qué bueno, es muy su rollo, ¿pero ya le preguntó al resto de los mexicanos si quieren vivir así?

Seguramente la inmensa mayoría de los ciudadanos -chairos incluidos- le dirían que no, pues independientemente de apoyar sus locuras, es indudable que todos aspiran a vivir mucho mejor que los pobres monjes de esa orden religiosa.

San Francisco de Asís sostenía que su señor era Jesucristo y su dama era la Señora Pobreza, y aseguraba que Cristo decidió ser pobre “por todos los que habitamos el mundo”.

Esa enseñanza de humildad, dizque es seguida por López Obrador, quien afirma que “no puede haber gobierno rico con un pueblo empobrecido”.

La asdvertencia vino después de que la Corte ordenó restituirle al Instituto Nacional Electoral el presupuesto que los diputados le habían mochado.

“Estoy pensando que le vamos a dar otra vuelta a la tuerca porque hace falta darle más al pueblo,  y a ver si es posible pasar de la austeridad republicana a una fase superior, que podría llamarse pobreza franciscana, para todos, todos.

“¿Para qué se meten al servicio público si lo que quieren es hacer dinero o tener de más? Que participen en el sector privado o que se apliquen en negocios particulares, pero el servicio público es otra cosa”, dijo a finales de mayo en Palacio Nacional.

Ahí también lamentó que haya funcionarios que se bajen de un carro último modelo, mientras la gente viaja parada en un autobús urbano. Y se pegunta si no les da pena; si no pueden ser austeros.

“Pero sí andan con esas ínfulas de superioridad y de fantochería, y quieren comer en restaurantes caros y tomar vinos de importación. Vivir muy por encima de cómo vive la gente”.

En muy fácil hablar para la tribuna, pero el presidente debería empezar por mirarse en el espejo y de ahí voltear hacia abajo, pues no hay funcionario de su gobierno que se transporte en un autobús urbano o que coma gorditas en la calle como parte cotidiana de su vida.

Su canciller -por ejemplo- es amante de los buenos vinos, sobre todo los franceses, y no va a dejar de tomarlos nada más porque se le ocurre al presidente que debe beber agua de jamaica. Tampoco se va a andar en un vocho o un Tsuru para aparentar ser franciscano.

Bueno, del diputado Changoleón, como bautizó la senadora Lily Téllez a Gerardo Fernández Noroña, que se dice un austero integrante del PT, abundan fotos en su camioneta Volvo y comiendo en restaurantes premium.

Y ni qué decir del dirigente nacional de Morena, famoso por darse vida de chavo-ruco en bares de Polanco, cantando canciones de Timbiriche visiblemente alcoholizado, y tratando de ligar chavitas.

Ya ni hablar de Manuel Bartlett, Irma Eréndira Sandoval, John Ackerman, Yeidkol Polenvsky, Martí Batres, Julio Scherer, Zoé Robledo y un largo etcétera. Prácticamente todo su gabinete y todos los funcionarios y legisladores de Morena viven así.

Pero si eso no basta, pues hay que recordar la vida que José Ramón López Beltrán, su hijo mayor, se da en Estados Unidos en una super casa, con una mega alberca y con una camioneta Mercedes Benz del año, que no la tiene ni Obama.

Ni qué decir de Jesus Ernesto, el más pequeño, que lleva vida de millonario. Lo mismo esquía en Clorado, que va al palco del Azteca a ver a sus águilas o se graba “vapeando” en Palacio Nacional.

Por supuesto que el chaval no tiene la menor culpa de ello, pues tiene acceso a los lujos que le puede dar su familia, empezando por su padre, y los aprovecha. No es criticable, pues vive como todos los hijos de los presidentes.

El problema es que si su padre llama a todos a vivir dentro de la pobreza franciscana, debería aplicar eso de que el buen juez por su casa empieza.

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