Investigaciones especiales

Inteligencia artificial, trabajo sin empleados

La situación que estamos atravesando actualmente en el mundo ha dejado de manifiesto la necesidad de nuevos modelos de trabajo

El año 2020 será recordado por haber cambiado la trayectoria del comercio electrónico, la telemedicina y el trabajo a distancia. Estamos a punto de atestiguar un auge en los programas piloto y una adopción acelerada de vehículos de entrega autónomos.

México y el resto del mundo viven un crecimiento acelerado de pagos digitales, de la tecnología de pago sin contacto; un incremento en las conferencias de voz y video, así como también de las aplicaciones comerciales móviles habilitadas por voz.

Predomina un mayor número de plataformas customer relationship management (CRM) con tecnología de inteligencia artificial, sensores y tecnología de monitoreo de salud portátil que haga uso del Internet de las Cosas (IoT) o de entregas vía drones inteligentes (de medicamentos, alimentos y productos) y un aumento en la fabricación con impresión 3D.

Las tecnologías digitales como un medio para garantizar la provisión de servicios básicos y oportunidades de subsistencia, la prestación de muchos servicios que son competencia de los gobiernos locales y regionales a menudo se ve obstaculizada por la falta de recursos y capacidades, y ello va en detrimento directamente del bienestar de los ciudadanos.

Esta pandemia ha aumentado la urgencia con la que los gobiernos locales y regionales deben actuar para ofrecer soluciones a la población con los mismos medios limitados y en el marco de las restricciones impuestas.

En la mayoría de los casos, la tecnología digital se ha convertido en una herramienta esencial. No obstante, es importante tener en cuenta que una parte muy importante de la población no tiene acceso a internet.

RETOS

Así el reto para los sectores gubernamental y empresarial, tienen que enfrentar retos cuando hacen uso de las tecnologías, para no contribuir a ensanchar más las desigualdades existentes en los países desarrollados y, especialmente, en los países en desarrollo.

La salud es, sin duda, la competencia de gobiernos locales y regionales más afectada por la pandemia. Los gobiernos locales y regionales han reaccionado con prontitud, a veces incluso más rápido que sus gobiernos nacionales, para ordenar cierres, preparar hospitales y otras instalaciones, involucrar a trabajadores de la salud y garantizar el suministro de equipos y suministros médicos.

Para muchos de ellos, la tecnología digital ha sido clave para coordinar estas decisiones. Pero se encuentran con la disyuntiva de tener que sustituir personal laboral y reducir las plantas de trabajadores que se ven desplazados.

Si bien es cierto, el análisis antes aludido arroja resultados convincentes, la reflexión obligada no debe versar únicamente sobre cuántos empleos crea el avance tecnológico, sino sobre si las personas cuyos empleos han sido sustituidos por la tecnología han vuelto a ser empleados o si éstas, a pesar de haber sido empleadas nuevamente, su condición de vida sigue igual, ha mejorado o decreció, empeorando la misma.

Lo que no se modifica, es la existencia de un fenómeno cada vez más presente y que está ligado al desplazamiento laboral forzado.

Es decir, la sustitución sistemática y gradual de empleos por medios tecnológicos o digitales desplazando al trabajador, en contra de su voluntad, de su fuente principal de ingresos económicos.

En la búsqueda de información, pudo encontrarse el ejemplo de lo sucedido recientemente en la compañía asiática Changying Precision Technology, que acaba de ser objeto de polémica por la controversial decisión de remplazar al 90 por ciento de su mano de obra por máquinas en una de sus fábricas ubicadas en la ciudad de Dongguan, en China.

¿DESPLAMIENTOS O INCORPORACIÓN?

El relato establece que de las 650 personas que regularmente se necesitaban para ensamblar teléfonos celulares, ahora esta empresa sólo opera con 60 empleados, toda vez que las 590 personas restantes han sido sustituídos por brazos robóticos y maquinaria.

Sin embargo, a pesar de que pudiera pensarse que son los trabajos manuales o mecánicos aquellos que corren mayor riesgo de ser sustituidos por robots o dispositivos tecnológicos, la aparición de programas de computadora articulados mediante inteligencia artificial, han demostrado lo fácil que resulta suplantar profesiones que se consideraban imposibles de automatizar, tales como el periodismo, el derecho o las artes.

Unos de los mayores esfuerzos está ligado al sector educativo, en donde para garantizar que este año académico pueda continuar, por lo que se ha tenido que recurrir a soluciones tecnológicas.

Ha tenido que implementarse una estrategia que involucra a las emisoras televisivas públicas y privadas para ofrecer y garantizar  contenidos virtuales para que los niños puedan continuar su educación. Ano ser presenciales las clases, también ha sido limitada la intervención de los maestros.

Los antecedentes demuestran que los gobiernos de todo el mundo están trabajando incansablemente para abordar de manera efectiva la crisis de la COVID19, y que además de las fuentes laborales que están en riesgo, además lo que está en juego son los derechos humanos de los ciudadanos.

No solo se compromete el acceso a los servicios vitales básicos, especialmente para los grupos más vulnerables de la población, sino que también están en juego los derechos digitales de todos y cada uno de nosotros.

Instituciones como la Organización de la Nacional Unidas (ONU) y sus organismos especializados como la ACNUDH, que han clarificado que los derechos humanos deben ser una parte integral de las respuestas de salud pública.

Compromiso que se convierte en dificultad porque debe buscarse estar a la vanguardia de la recuperación y garantizar que las tecnologías digitales se utilicen de manera transparente, abierta y sin dejar a nadie ni a ningún sector olvidado.

La tecnología digital tiene el potencial transformador para mantener la economía en funcionamiento y permitir a las personas acceder a los servicios básicos necesarios para la vida cotidiana, como la educación, la salud, el trabajo y la cultura.

De acuerdo con especialistas y expertos en la Materia, es indudable que el desplazamiento laboral forzado, como un fenómeno social reciente, demanda una solución inmediata.

Eel desarrollo tecnológico desde la perspectiva de los derechos humanos representa un reto que, en definitiva, necesita de la participación activa del sector empresarial, del gobierno y los trabajadores, ya que, de seguir postergando esta discusión, con seguridad serán los tribunales quienes terminarán resolviendo esta disyuntiva.

En el estudio El impacto de las nuevas tecnologías en el empleo en México, elaborado por Isaac Minian y Ángel Martínez Monroy para el Instituto de Investigaciones Económicas de la UNAM, se establece:

El miedo al desempleo tecnológico es un fenómeno que ha existido desde hace varios siglos, y se ha documentado que se agudiza en épocas de cambios tecnológicos radicales (Mokyr et al., 2015).

El análisis sobre los efectos del cambio tecnológico en el empleo inició con los economistas clásicos, y aunque es un tema muy conocido y ampliamente estudiado, sigue siendo controvertido debido a la heterogeneidad de las conclusiones de los diversos planteamientos teóricos y a la evidencia empírica.

EFECTOS SIN MITIGAR

En general, los teóricos coinciden en que la tecnología tiende a reemplazar al trabajo humano, y que existen mecanismos que pueden compensar o mitigar los efectos adversos del cambio tecnológico en el nivel de empleo, aunque difieren significativamente en la capacidad y rapidez con que los mecanismos de compensación pueden restablecer el pleno empleo en el mercado de trabajo.

Por un lado, están los que consideran que el desempleo tecnológico es efímero, y que el equilibrio en el mercado de trabajo se restablece de manera “automática” en pleno empleo; por otro lado, están los que señalan que debido a las rigideces de los precios de los factores, los límites en la factibilidad de la sustitución de factores, la estructura industrial y el comportamiento de la demanda, el restablecimiento del pleno empleo en el mercado de trabajo puede implicar periodos de tiempo muy largos y, en el peor de los casos, puede convertirse en desempleo estructural (Standing, 1984).

Se argumenta que de acuerdo con la escuela predominante, el cambio técnico activa mecanismos de mercado que permiten reasignar de manera eficiente la mano de obra hacia las empresas que aumentan su producción, compensando la reducción del empleo de otras firmas.

Para garantizar la efectividad de los mecanismos de compensación del planteamiento neoclásico se requiere: 1) flexibilidad absoluta en los mercados de trabajo y de capitales; 2) que la fuerza de trabajo sea homogénea; y 3) que no haya barreras a la movilidad de los factores productivos, por lo que su transferencia de un sector a otro es inmediata.

Además explican que los críticos de la compensación “automática” señalan que si bien durante los periodos de transición los mecanismos de compensación enfrentan serias dificultades para restablecer el pleno empleo en el mercado de trabajo, reconocen que es probable que en el largo plazo sí logren contrarrestar el desempleo, debido a que con el cambio tecnológico “[s]urgen -ya sea directamente a base de la misma maquinaria, o bien indirectamente, gracias a la revolución industrial provocada por ella- ramas de producción y campos de trabajo totalmente nuevos” (Marx, 2010, p. 370), que aumentan la demanda de trabajo, y eventualmente compensan el impacto negativo del cambio tecnológico en el nivel de empleo.

En el mismo sentido, Schumpeter (1983, p. 120) asegura que “[e]l impulso fundamental que pone y mantiene en movimiento a la máquina capitalista procede de los nuevos bienes de consumo, de los nuevos métodos de producción y transporte, de los nuevos mercados, de las nuevas formas de organización industrial que crea la empresa capitalista”.

Para Adam Saunders, quien da clases en la Facultad Sauder de Negocios de la Universidad de la Columbia Británica.1983), el progreso técnico es parte fundamental de la destrucción creativa y las innovaciones -que suponen la construcción de nuevas plantas o la reconstrucción de las antiguas-, son generadoras de beneficios y oportunidades de inversión que, al ser aprovechadas por las empresas dinámicas, crean nuevos empleos.

La tecnología siempre ha alimentado el crecimiento económico, mejorado las condiciones de vida y abierto vías a nuevos y mejores tipos de trabajo.

Los recientes avances en inteligencia artificial y aprendizaje automático, que nos trajeron a Watson y los coches sin conductor, marcan el inicio de un cambio radical en el mundo, tal y como lo conocemos.

Indica que para navegar por el inestable mercado laboral y aprovechar las abundantes oportunidades ofrecidas por las nuevas tecnologías, debemos encontrar una forma de adaptarnos más rápidamente.

Mediante la actualización continua de nuestras habilidades y buscando unos acuerdos laborales alternativos, podemos «correr con las máquinas».

Con claridad enfatiza que nos guste o no, el cambio está llegando, y el peor movimiento de todos consistiría en ignorarlo.

Por muy maravillosos que hayan sido los beneficios de la tecnología, también se están dando en un entorno de creciente desigualdad, una clase media decreciente y dificultades a la hora de encontrar empleo. Desde la década de 1940 hasta la de 1970, las rentas de todos los niveles crecieron a aproximadamente al mismo ritmo en Estados Unidos.

Sin embargo, desde entonces, los estadounidenses más ricos han observado importantes aumentos en sus rentas y su participación en la riqueza, mientras que el resto ha registrado alzas mucho más modestas.

Y al tiempo que la clase media estadounidense se ha reducido, una lamentable epidemia de dependencia a los opiáceos ha asolado el país en regiones con un alto nivel de desempleo.

Por consiguiente, es importante que recordemos que la automatización no tiene un efecto universal sobre el desempleo: una máquina puede ser un sustitutivo o un complemento de la mano de obra humana.

Una máquina puede sustituir a la mano de obra humana cuando tiene la capacidad de producir más que el trabajador por el mismo costo (como el de su salario), o tanto como el trabajador por una fracción del precio.

Esto tiene más posibilidades de ocurrir cuando las tareas del trabajador son rutinarias y codificables: es decir, Trabajadores de almacén de Amazon en Inglaterra preparando la campaña de Navidad.

IMPACTO DE LA TECNOLOGÍA

La era de la perplejidad nos indica cuando las instrucciones de las tareas pueden traducirse en forma de un código para que un ordenador las lleve a cabo.

Además, es mucho más probable que la automatización pueda reemplazar a trabajadores en entornos controlados y simplificados. Aunque los ordenadores pueden llevar a cabo los cálculos más complejos en milisegundos, es mucho más difícil hacer que una maquina escriba novelas o cuide de los hijos de forma tan eficaz como lo hacen los humanos.

Las máquinas complementan la mano de obra cuando permiten que los trabajadores sean más productivos, pero al mismo tiempo, no pueden reemplazar (por lo menos completamente) al trabajador.

En otras palabras, la automatización que complementa la mano de obra humana hace que a la gente le resulte más fácil llevar a cabo su trabajo y se concentre en aquello en lo que los humanos sobresalen, como la generación de ideas, la resolución de problemas y la comunicación compleja: todo aquello en lo que las máquinas no son buenas.

Por ejemplo, las calculadoras, las hojas de cálculo y el software para la contabilidad hicieron que el trabajo de los contables resultara mucho más sencillo. Sin embargo, en su mayor parte, siguen siendo las personas las que tienen ideas y proporcionan maestría estratégica en las empresas en las que trabajan.

Hay ya distintos tipos de automatización que complementan el trabajo humano, como, los robots de recogida de big data, que permiten que la gente lleve a cabo un trabajo más valioso, y los telescopios, que han ayudado a las personas a hacer descubrimientos que, de otro modo, hubieran resultado imposibles.

Tom Davenport y Julia Kirby se refieren a esta relación «mutuamente empoderadora» entre los humanos y las máquinas como «augmentation» que distinguen del proceso de automatización que reemplaza a la mano de obra.

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