En pie de lucha

Y está en Palacio

Aunque presume ser un Puma de corazón, en realidad, no lo es.
No es un dato nuevo que el presidente de México tardó 14 años en cursar la carrera de Ciencias Políticas y Administración Pública, que inició oficialmente en 1973 en Ciudad Universitaria y concluyó a finales de los 80, un poco antes de que Carlos Salinas de Gortari tomara la Presidencia de México.

Tampoco es nuevo el que como estudiante no resultó ser precisamente una lumbrera, sino todo lo contrario. Pero lo que no se ha comentado mucho, y que debería ser lo preocupante, es qué tal le fue en materias como Economía, tema del cual presume saber mucho.

Entre calificaciones de NA, NP y S, el estudiante Andrés Manuel López Obrador cursó sus años de universitario, cuando recién se había instaurado el sistema de evaluación por letras y no por números, para medir el aprovechamiento de cada estudiante.

NA quiere decir No Acreditado (o sea, no pasó el curso); NP significa No Presentó (o sea, ni siquiera se hizo al examen); S es apenas Suficiente (lo que hoy vendría a ser un 6). De los ochos y nueves mejor ni hablar, porque esos escasean en su historial académico.

Para empezar, llama la atención lo de su poca habilidad en la materia de Economía, precisamente porque cada mañana en su conferencia sale a decir que la economía del país va muy bien, a pesar de lo que digan los expertos y las calificadoras internacionales.

Que él tiene otros datos, por lo que quienes lo contradicen no saben nada del tema, y que incluso México es ejemplo mundial, por el manejo que ha hecho de su economía a pesar de la pandemia del Covid.

El asunto es que el país está a nada de perder su grado de inversión; los pronósticos indican una caída estrepitosa del Producto Interno Bruto. Pemex está al borde de la quiebra y los inversionistas no confían en dejar su dinero aquí, precisamente por las malas decisiones económicas.

Para quien quiera ver con sus propios ojos las calificaciones de López Obrador, no tiene más que buscar el número de cuenta 073702465 en la Facultad de Ciencias Políticas de la UNAM, y comprobará la realidad académica de quien profesa todos los días desde Palacio Nacional.

A lo largo de su carrera universitaria, que en sus tiempos era de cinco años, el hoy presidente cursó un total de 35 materias en 14 años, lo que le da un promedio de 2.5 materias cursadas por año.

Pero ese no es el único dato de lo mal estudiante que fue quien hoy vive en uno de los palacios más hermosos del mundo, como es el Palacio Nacional, pues de esas
35 materias, 16 las pasó en exámenes extraordinarios, algunos presentados en más de una ocasión.

Pero si en materias como Economía, Psicología Social o Procesamiento de Datos lo más que alcanzó fue una S, en algunas como Partidos Políticos y Grupos de Presión sacó MB (Muy Bien), que es el equivalente a un 10.

¿Casualidad que en esa materia le haya ido muy bien?, quizá desde entonces ya pintaba para lo que haría más tarde.

Aunque la carrera constaba de 10 semestres, en realidad los últimos dos eran de Seminarios de Tesis, que era una preparación a fin de elaborar el trabajo final para tener derecho a presentar el examen profesional, requisito para obtener un título.

De cualquier forma esos semestres ni se presentó, y después de varios años los acreditó en exámenes extraordinarios.

Al final completó sólo el 84 por ciento de créditos obligatorios; 55 por ciento de los optativos y entre los dos rubros cursó solamente el 79.24 por ciento de las asignaturas. Aun así dice que tiene título.

Su promedio final fue de 7.54, que no es para impresionar a nadie.

Luego de analizar un poco la vida académica de López Obrador, quizá se entienda por qué aborrece a quienes tienen maestrías o doctorados –de los cuales hay muchos en su propio gobierno- y dice que esos títulos no sirven para gobernar bien.

También se podría entender por qué le gusta exhibir constantemente su ignorancia, como cuando dijo que la esposa de Benito Juárez fue Carmelita de Ortiz Rubio, quien en realidad fue esposa de Porfirio Díaz.

La esposa de Juárez fue —como nos lo repitieron durante toda la primaria en los libros de historia— Margarita Maza.

O apenas hace unas semanas, que durante una gira por tierras guerrerenses quiso quedar bien con los paisanos de ese estado y se refirió a las hazañas de Vicente Guerrero, a quien llamó El Siervo de la Nación.

Cualquier persona con un mínimo conocimiento de la historia de México sabe que el Siervo de la Nación fue Morelos.

Es muy probable que esa deficiencia por el estudio haya acomplejado a López Obrador, al grado de querer demostrar siempre que le ponen un micrófono enfrente, que sabe de todos los temas y de todo opina, aunque lo haga mal.

Por eso cada que puede hace menos a los integrantes de su gabinete, a los que obliga a modificar sus datos y acciones de gobierno, tan sólo porque van en contra de lo que dice, sin importar que ellos tengan la razón.

Pero lo realmente trágico para el país es que las decisiones del Gobierno de la 4-T no las toman los especialistas, sino directamente un presidente con poca prepa- ración, poca cultura y, sobre todo, poco sentido común.

Alguien que ocupa todas las mañanas una conferencia no para gobernar, sino para atacar a sus enemigos y hacerla de médico, ingeniero, arquitecto, abogado, historiador, escritor y, en sus ratos libres, hasta de organizador de rifas, no puede tener en sus manos un país.

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