Quincena futbolera

¿Quién ha sido el mejor extranjero en México?

Esta quincena se movió en las redes el tema de quién ha sido el mejor futbolista extranjero que ha venido a México y esto, debido a la figura del francés Andre-Pierre Gignac. De inmediato se animó el asunto, surgieron opiniones a favor y en contra, pero obviamente aparecieron aficionados de tiempos atrás que rememoraron figuras que les tocó ver y admirar y que pusieron sus nombres en la mesa. Hagamos un recuento de algunos de ellos y empecemos por el siglo pasado:

ISIDRO LÁNGARA.– Era un delantero español, vasco, que después de haber integrado su selección  y jugado en el Mundial de 1934, llegó a México con lo que se denominó la “Selección Euzkadi” para jugar la temporada 1938-39; como estaba la guerra civil en su país, anduvo por Argentina en el San Lorenzo y regresó a nuestra patria en 1943 para jugar en el Real Club España, donde en tres años metió la asombrosa cantidad de 120 goles y usted me puede decir que en esas épocas se marcaba sólo con dos defensas, pero esa cantidad de anotaciones es de total respeto. Fue campeón goleador en España, Argentina y aquí. Lo malo es que difícilmente hay películas, su gloria y prosapia se han quedado encapsuladas en la noche de los tiempos.

CARLOS REINOSO.– El chileno llegó al América en 1970 procedente del Audax Italiano de su país, medio ofensivo, corto de estatura pero con una fuerza descomunal, tenía un cerebro y dominio de cancha fuera de lo normal, salía con el balón desde atrás del medio campo  y ponía un pase exacto al extremo, o efectuaba una pared precisa, o efectuaba un potente disparo que hacía temblar a los arqueros. A balón parado le pegaba con efecto y así hizo goles memorables, como los anotados al “Coco” Rodríguez del Guadalajara, a Nacho Calderón de la UdeG y al mismísimo Hugo Gatti del Boca Juniors a quien dejó parado para ganar la Copa Interamericana en el Estadio Azteca. Ganó dos títulos con los de Coapa. Jugó con su país en el Mundial de 1974. Un grande, sin duda.

MIGUEL MARÍN.– Argentino proveniente del Vélez Sarsfield, de inmediato se adueñó de la portería del Cruz Azul en 1971. Con una magnífica complexión, don de mando bajo los tres palos, audacia y valentía en las salidas por abajo y sobre todo un vuelo vistoso pero eficiente, lo enmarcaron como uno de los mejores porteros que hayan llegado a México. Cinco veces campeón de Liga con la Máquina, lo colocan como un ícono de la portería.

CABINHO.– Evanivaldo Castro era brasileño, se había lesionado y por ello no lo llamaron a su selección. En 1974 Carlito Peters lo vio y lo recomendó a Pumas de la UNAM, a donde llegó en 1974 a hacer la historia, también jugó en Atlante, León y Tigres, en los cuales hizo 312 goles en 12 temporadas, campeón de goleo en ocho ocasiones, con un físico impresionante tenía una veloz carrera y una potencia física descomunal. Su letalidad estaba más allá de los parámetros ordinarios. En números, nadie lo igualaría.

Ya en este siglo, tenemos personalidades como:

SATURNINO CARDOZO.- Paraguayo que había jugado en su país, Suiza y Chile, arribó a los Diablos Rojos del Toluca en 1995 donde jugó diez años e hizo 258 goles, campeón de goleo en cuatro ocasiones en el fútbol mexicano. Su desplazamiento dentro y fuera del área era singular y participó en uno de los goles más bellos que se hayan anotado en nuestro balompié en el Apertura 2003 al América, con seis toques desde su propia cancha en una memorable jugada que armó con Sinha, Vicente Sánchez y el “Chiquis” García. Máximo anotador de los choriceros en toda su historia. Dos mundiales con su selección, además.

ANDRE-PIERRE GIGNAC.– Delantero francés que aterrizó en Tigres directo del Olympique de Marsella en 2015, poseedor de una notable corpulencia, empezó a hacerse presente como romperredes para llegar a cuatro títulos de goleo en México y participante en otros cuatro títulos de Liga del Universitario de Nuevo León. Un verdadero killer en el área, con un espléndido remate de cabeza, además. Se ha identificado tanto con nuestro país, que se siente mexicano, tiene dos hijos nacidos en Monterrey y hasta se ha tatuado en la pantorrilla, la imagen de Nuestra Señora de Guadalupe. Por eso y muchas cosas más –dirían por allá-, últimamente lo incrustan entre los mejores extranjeros llegados a México.

Y entonces, usted decida. Si considera a alguien más no enunciado aquí, está en todo su derecho, pero habría que contemplar que las épocas y las posiciones en la cancha varían. Salvo Lángara, yo los vi a todos y me quedaría con… ¡No, usted dígame! ¿Le parece que nos leamos –Dios mediante- la próxima quincena?

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