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Artesanos castigados. Piratería y pandemia, la causa

En las festividades que aumentan la identidad de los mexicanos, la fabricación de banderas que es producto de un trabajo artesanal de empresas familiares que las producen, ahora enfrentan una creciente amenaza de los fabricantes chinos que invaden el  mercado con artículos considerados como piratería en la celebración del Grito y el día de la Independencia.

Además debe considerarse la pérdida de poder adquisitivo. El encarecimiento de materias primas, el desempleo y las carencias económicas que se derivaron de la crisis sanitaria.

Universo de dificultades monetarias y económicas que va en perjuicio de las actividades laborales que, hereditariamente, pasan de generación en generación y se enfrentan a severas dificultades para sobrevivir impacta negativamente.

Ese trabajo artesanal hecho con esmero, y estuvo por décadas en el ánimo y consumo, es fuente de ingresos para empresas mexicanas que produce banderas nacionales ante la creciente amenaza de los fabricantes chinos, que buscan una porción de este mercado que se deriva de una fecha que está a punto de celebrarse: el Día de la Independencia, el 16 de septiembre.

La firma comercial y fuente de trabajo llamada La Principal se fundó en 1907 y además de banderas mexicanas produce y vende otros artículos que se consumen sobre todo en los meses de febrero, por el Día de la Bandera, y en septiembre, cuando se festeja la independencia del país.

Los comerciantes Chinos y coreanos no sólo se han apropiado de las zonas comerciales como La Lagunilla, Tepito y el Mercado de Chiconcuac, Estado de México, donde se instalan en para vender sus productos al menudeo y mayoreo.

Esas empresas orientales están inmersas en la comercialización de reservas naturales, las industrias textil y de calzado, pero también se ha apoderado de la cultura porque ahora invaden con la piratería espacios de artesanos mexicanos con la producción de artículos que se creía eran propios de la manufactura nacional.

El 15 de septiembre, los comerciantes ofrecen banderas de manera masiva para que los mexicanos festejen su nacionalismo, pero lo que no saben es que compran manufactura china.

Lo mismo pasa con otros productos como el chile piquín, nopal, el tequila, los sarapes, la Virgen de Guadalupe y artesanías que impunemente son obra de la piratería.

ARTESANÍA QUE AGONIZA

San Pablo Totoltepec, ubicado en el Estado de México, es una localidad en donde sus habitantes están fuertemente ligados a la fabricación artesanal de las banderas, pero que con tristeza ven cómo agoniza una tarea que les enorgullece y significa su principal fuente de ingresos económicos.

Ellos forman parte de la cadena productiva de las banderas que se expenden en el plano nacional y que ahora han visto un desplome en la venta de ese producto que es adquirido con motivo de las fiestas patrias.

Dedica la mitad del año a la fabricación de los artículos tricolores que han sido desplazados por los fabricantes chinos.

Con tristeza y melancolía son testigos y víctimas de la disminución que enfrenta la mitad de la población en la que se incluyen miles de personas de la tercera edad, niños y adultos que son castigados económicamente al ver reducida la confección de banderas por la invasión de los productos surgidos de la piratería.

El arte de confeccionar las banderas incluye la elaboración del escudo nacional y los colores patrios que son deformados con telas y anilinas que no corresponden a los modelos originales. Incluso la tonalidad de los colores es muy diferente.

La desleal competencia de las banderas producidas en China lo ha relegado no obstante la carencia de la calidad que los artesanos mexicanos tienen garantizada.

El escudo en las banderas producidas en China es solamente un estampado que se pega y se plancha y queda impregnado mientras que las elaboradas por los artesanos mexicanos que se niegan a perder esa tradición es impresa en diferentes tintas.

Las banderas de San Pablo Totoltepec tienen una tela que resiste las inclemencias de la temporada, como es la  lluvia y el fuerte viento.

En este lugar para fabricar las banderas artesanales se requiere de una cadena productiva en la que participan familias enteras para cortar la tela, estampar el escudo, pulir los acabados y planchar las que tengan arrugas por el almacenamiento o el trato a que están expuestas.

A ellos hay que sumar quienes se encargan de la logística de la distribución, la comercialización y compra de todos los productos que son almacenados durante una larga época del año.

Los fabricantes de San Pablo Totoltepec son quienes elaboran las banderas que son colocadas en automóviles, casas particulares, edificios, astas banderas de muchos municipios y en oficinas públicas y privadas.

La ceremonia del Grito, que es una tradición histórica involucra también a decenas de miles de comerciantes que recorren las calles de todo el país.

Ese mundo de personas que está involucrado en la fabricación y venta de las insignias patrias no ha estado exento de los efectos negativos de la crisis sanitaria que originó el COVID-19, pues muchos de ellos se vieron infectados y algunos perdieron la vida.

Incluso hubo cierre de empresas familiares que por el desempleo, la falta de recursos económicos y las restricciones sanitarias tuvieron que enfrentar el desplome productivo y comercial.

Así de desolador es el panorama para una actividad artesanal que agoniza.

 

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