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La división de Telmex ¿será la última batalla de Hernández Juárez?

Después de 43 años en la dirigencia del sindicato de telefonistas, el líder considera que, por fin, es tiempo de retirarse

Francisco Hernández Juárez es uno de los líderes de trabajadores emblemáticos del país: ha estado al frente de seis huelgas, infinidad de paros, faltas colectivas; superó la privatización de Teléfonos de México al inicio de la década de los noventa y ha sobrevivido exitosamente a la revolución digital, desde la secretaría general del Sindicato de Telefonistas de la República Mexicana ((STRM) que asumió en abril de 1976.

Con RS habla de su retiro y de la que puede ser su última batalla sindical.

Antes de iniciar el proceso de retiro, adelanta, debe enfrentar un reto, uno de los más peligrosos para los telefonistas: la resolución del Instituto Federal de Telecomunicaciones (IFETEL) que ordenó la división de Telmex en dos empresas, en beneficio de las trasnacionales AT&T, Telefónica Española y Televisa, entre las principales, a las que además se le obliga a subsidiarlas permitiéndoles el uso gratuito de su red de fibra óptica.

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Para combatirla, mantienen un emplazamiento a huelga desde 2017 con la finalidad de detener la separación y proteger el derecho y la estabilidad de los trabajadores, y promovieron tres amparos contra esa resolución.

El emplazamiento ha sido pospuesto en varias ocasiones. La nueva fecha de estallamiento en caso de no haber un acuerdo, está programado para el 27 de marzo. “Lo último que quisiéramos es estallarla”, confiesa. Y clarifica que en términos de la reforma constitucional de 2023, los derechos laborales adquirieron el rango de derechos humanos, por lo que tienen preponderancia por encima de cualquier otro, y por tanto la división de la empresa debiera suspenderse hasta en tanto el conflicto laboral quede resuelto.

Y es que la separación implica que a la nueva empresa que surja se le asignarán 14 mil trabajadores, los que enfrentarán el riesgo, debido a que estará obligada a dar precios subsidiados a la competencia, lo que “implica que va a quebrar en un corto tiempo”.

Por la importancia estratégica de Telmex en las huelgas del pasado se le aplicaba la requisa. Es decir, el Estado se hacía cargo de la prestación del servicio. Así ocurrió con la que iniciaron el 25 de abril de 1980 -identificada como la cuarta en el liderazgo de Hernández Juárez por César Cruz Cervantes en La clase obrera y el sindicalismo mexicano, de Alejandro Alvarez Béjar.

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-Ingeniero, hace muchos años que ustedes no van a la huelga, ¿están preparados?

-En el 82 hicimos una huelga de seis meses, porque corrían a trabajadores todos los días; llegaron a despedir 500 -otros tres mil iban a ser dados de baja-; logramos reinstalarlos y salir adelante. Ahora ya hemos hecho algunos simulacros, y si mis compañeros no tenían obviamente la experiencia de la huelga, es fuerte; pero ya hemos hecho algunos ejercicios y responden muy bien. En uno de ellos paramos una o dos horas, y en otro todo el día, y nadie se rajo, la gente está muy metida en este asunto.

-A eso me refería: el suyo fue un sindicato aguerrido que con mucha frecuencia salía a la calle y colocaba banderas rojinegra, y hace mucho años que no ocurre…

-Lo que pasa es que antes teníamos que hacer huelgas para que nos respetaran. La huelga al final es un instrumento para defender los derechos de los trabajadores, no es un fin en sí mismo. Entonces, la usamos cuando es necesario.

El 29 de noviembre de 1981 los telefonistas realizaron una falta colectiva; el 24 de diciembre una segunda; el 8 de febrero del año siguiente una tercera, y el 5 de marzo un paro a nivel nacional, es parte de la historia del STRM, la que registra el 12 de mayo de 1979 como la fecha en que estallaron una huelga para alcanzar la firma de un convenio en beneficio de las operadoras.


¿Quién es Hernández Juárez?

Ex diputado federal externo por el PRD en la LXI Legislatura (2009-2012), ingeniero electrónico en comunicaciones por el IPN. En 1987 fue presidente del Congreso del Trabajo, en la época del llamado movimiento obrero organizado del país, del que posteriormente salió para fundar la Federación de Sindicatos de Empresas de Bienes y Servicios (Fesebes), y en 1997 la Unión Nacional de Trabajadores (UNT).

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En diciembre de 1990 desde la secretaria general del STRM, fue uno de los factores que participaron en la privatización de Teléfonos de México.

Buen bailador -excepto tango que, reconoce, se le dificulta-, le gusta la música de Los Beatles, y se define como cinéfilo: “me gusta mucho ir al cine”. Ha leído -en dos ocasiones- El Quijote de la Mancha, El Lobo Estepario de Herman Hesse y La Divina Comedia de Dante Alighieri, y en noviembre cuando se realizó la entrevista acababa de terminar Por que fracasan los países de James A. Robinson

Pero sobre todo, es un amante del fútbol, el que practica los sábados desde que tenía unos doce años y cubre cualquier posición, excepto la portería; le va al Guadalajara aún cuando también tiene su lado puma. De no haber sido telefonista es posible que hubiese optado por futbolista. “Mi mamá me decía que era un futbolista balín; pero me hubiera gustado ser futbolista”.

-¿Y por qué la chamarra ?

-Es un estereotipo. Me siento cómodo y siento que es una vestimenta que ya también se acomoda a la imagen también de mis compañeros. Nada extraordinario; pero es esa un poco la figura que se ha hecho de mí, y la mantengo.

-¿No fue una recomendación de un especialista en comunicación hacia los trabajadores?

-No. Claro que no.

En la oficina de Francisco Hernández Juárez destacan los cuadros de caballos, de El Quijote de la Mancha, no es aficionado al caballero más famoso en la historia, pero a los telefonistas piensan que le gustan y se lo regalan con figuras cada vez más originales- y una Virgen de Guadalupe: “me la regalaron también, no sé si porque piensan que necesito que me cuiden”.

Vacaciona en Acapulco, Guanajuato, Oaxaca; “pero si hay oportunidad de irme a Cancún no me resisto”.

-¿Y al extranjero?

– “Poco, ya casi no”.

-¿Es un hombre rico?

-¡No, hombre, qué va! No. No soy rico; pero no le voy a decir que tengo carencias. No puedo de ninguna manera quejarme de mi situación económica.

En 1967 se convirtió en telefonista -tiene 51 años en Telmex-. Un primo lo recomendó, porque es requisito para hacer examen de ingreso; fue enviado al área de conmutación y transmisión, a centrales, y dejó el taller mecánico hasta donde entonces trabajaba. En los siguientes diez años ascendió hasta la máxima categoría.

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En los primeros meses de 1976 asumió la secretaria general del Sindicato de Telefonistas de la República Mexicana (STRM), luego que una revuelta destituyó a Salustio Salgado.

La última batalla antes del adiós definitivo

-Ingeniero, ya son muchos años, ¿no se siente cansado?

-No, para nada. Sí, estoy de acuerdo que ya son muchos años. Ya tengo que pensar cómo darle una salida a esta permanencia. Cada vez que lo comento con mis compañeros no les gusta ni tantito la idea, en muchos sentidos a partir que tenemos uno de los mejores contratos colectivos del país, uno de los promedios salariales más altos, una de las mejores jubilaciones, uno de los empleos más estables. A mis compañeros les gusta cómo ha funcionado el sindicato y sienten que el liderazgo que ha tenido, sobre todo el mío, les ha sido útil a sus intereses. Democráticamente y a través del voto universal y secreto cada cuatro años con niveles de participación de 70-80 por ciento y lo ratifica.

Hace un análisis puntual:

“¡Ah! Yo sé que hacia afuera no se ve igual, y yo lo respeto, pues obviamente mi permanencia ha sido ya de muchos años; pero finalmente quienes toman la decisión son mis compañeros, y mientras ellos estén de acuerdo. Aunque yo sí creo que ya debemos buscarle una salida. (En) eso sí estoy convencido. Y en este momento mi prioridad es tratar de salir adelante de este problema; garantizar la viabilidad de la empresa, echar atrás la separación, lograr generar un ambiente de desarrollo de las comunicaciones más apropiado del país. Inmediatamente después hablar con los compañeros de este tema, de cómo darle una salida a mi permanencia en el sindicato”, afirma.

-¿Tiene ganas de disfrutar a su familia?

-Sinceramente yo, la verdad, no creo de ninguna manera haber descuidado mi relación familia. Yo creo sinceramente más bien un pretexto quien lo hace. Yo he disfrutado a mi familia, a mis hijos, a mis nietos. No hay semana que no conviva con ellos. Para nada ha sido un conflicto. Claro, hay quien dice que ni lo ha podido hacer por el trabajo; yo no lo creo. El trabajo no debe ser ni pretexto, ni justificación para deshumanizar la relación familiar.

-Pero usted no trabaja ocho horas al día…

-No. Pero por ejemplo entre semana llego temprano a mi casa, siete u ocho de la noche, cuando es posible, y tengo oportunidad de ver a mi familia. En fin de semana yo no me aparezco, salvo que sea estrictamente necesario, un congreso nacional. Los fines de semana, regularmente los domingos, como con todos mis hijos y mis nietos. Yo trabajo de diez a doce horas al día, de lunes a viernes; pero sábado y domingo mi familia es primero.

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