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Nuevo Pemex; nuevas relaciones laborales

El contrato colectivo de trabajo y el patrón de comportamiento de liderazgo del Sindicato de Trabajdores Petroleros de la Republica Mexicana, plantean serios obstáculos al mejoramiento de la eficacia operativa y a la productividad de Pemex. El empleo de personal sindicalizado se maximiza mediante un sobre-empleo sistemático en todas las áreas de la industria, la realización de una amplia gama de actividades ancilares y el elevado nivel de integración vertical de la empresa.

El sindicato mantiene un rígido control en los centros de trabajo, ocupa posiciones que en otras empresas corresponden necesariamente al personal de confianza e, inclusive, limita el reclutamiento de dicho personal. La retribución y las prestaciones que perciben los trabajdores petroleros son superiores a las que prevalecen en otros sectores industriales, su ajuste periódico no refleja mejoras de productividad y el pasivo laboral contingente pesa excesivamente sobre la situación financiera de la empresa. La organización y el liderazgo sindicales son una institución política que responde a una cultura corporativa autoritaria.

Hay múltiples ejemplos mesurables del sobre empleo imperante. El mejor documentado a través del tiempo se encuentra en las refinerías de Pemex. Ejercicios comparativos estandarizados muestran que la masa salarial pagada por éstas es similar al de las refinerías de la costa estadounidense del Golfo, a pesar de que el salario medio de estas últimas es seis veces mayor a las instalaciones de referencia. Otro ejemplo sobresaliente se refiere al nivel de empleo que resulta de rigideces contractuales respecto a la materia de trabajo. Hay miles de trabajadores empleados en instalaciones que dejaron de operar, en algunos casos, hace muchos años. Las prácticas restrictivas codificadas en el contrato colectivo de trabajo son particularmente onerosas. Afectan la productividad, garantizan un bajo aprovechamiento de la mano de obra contratada y relajan la disciplina en centros de trabajo.

El grado y la naturaleza de la integración vertical de Pemex son únicos en la industria petrolera mundial. La diversidad y magnitud de los servicios proporcionados internamente y su integración en cada una de las unidades de negocios hacen de Pemex la empresa petrolera más integrada del mundo. Esta distinción limita la posibilidad de mejorar su desempeño. La integración vertical excesiva que caracteriza a Pemex es producto de múltiples factores. En el interior de la empresa, los cuadros directivos veían a la integración vertical como una oportunidad de reducir riesgos de suministro y mejorar las condiciones de adquisición de bienes y servicios.

La política industrial vinculada a la estrategia de sustitución de importaciones alentó a Pemex a integrarse verticalmente. Sin embargo, la industria petrolera internacional se movía en la dirección opuesta, desincorporando actividades no esenciales y fomentando el desarrollo de empresas de servicios especializados, así como empresas de ingeniería y construcción. El nuevo ciclo de desintegración alentó importantes cambios tecnológicos y su difusión, transfiriendo a la industria de servicios petroleros y de ingeniería funciones tecnológicas críticas.

Pemex permaneció al margen de estas transformaciones estructurales. Con ello amplio y profundizo brechas tecnológicas en muchas áreas de actividad.

Las estadísticas revelan que la transferencia y desincorporación de actividades suministradores externos resultaría en un importante redimensionamiento de Pemex. Esto podría hacerse sin modificación alguna al ámbito del monopolio estatal. Los beneficios potenciales de dicha restructuración son importantes. Permitirían reducir costos, adquirir tecnología de punta, mejorar prácticas industriales y resarcir capacidad de gestión escasa.

El sindicato petrolero se ha opuesto sistemáticamente a estos planteamientos. Ve en la integración vertical y la amplitud del ámbito de la empresa la garantía de un elevado nivel de empleo sindicalizado, posibilidades adicionales de control de sus miembros y una mayor fuerza política que resulta de la escala de su membresía. Cuando el sindicato se ha visto obligado a negociar casos puntuales de desincorporación, o proyectos específicos que suponen la perdida de material de trabajo, ha utilizado tácticas dilatorias, reubicando personal a otras áreas, exigido compensaciones muy elevadas, obteniendo diversos beneficios y procurado no establecer precedentes que pudieran incidir en futuras negociaciones.

La estructura salarial y de compensación de Pemex es el producto acumulado de la renegociación periódica del contrato colectivo de trabajo. No responde a objetivos institucionales más amplios y tampoco es resultado de aplicar objetivos consistentes a una política racional de compensación.

Resalta la importancia que tienen las prestaciones en la estructura de compensaciones de los trabajadores al considerar todo el ciclo laboral. En adición a las atractivas compensaciones corrientes, los términos y condiciones de la jubilación son excepcionalmente generosos, con lo que se alienta el empleo de por vida. Prevalecen, además, prácticas que promueven la contratación familiar inter-generacional. El costo de estas prestaciones es elevado y el pasivo laboral de Pemex pesa sobre su situación financiera.

Todo esto deberá enfrentar Octavio Romero Oropeza, próximo director de Pemex. Los trabajadores de la empresa petrolera mexicana serán factor de cambio en el nuevo impulso que pretende darle el presidente electo Andrés Manuel López Obrador, a Pemex.

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