Editorial

Objetivos reales, no quimeras

Las exigencias de los nuevos tiempos no admiten opacidades ni excusas que superen los objetivos de dirigencias sindicales cuyo rumbo debe encausarse al bien común de la colectividad

Deben desterrarse las triquiñuelas y las frivolidades porque al igual que las diferentes organizaciones sociales, el sindicato entiende que sus acciones se llevan a cabo dentro de la democracia, lo que supone tener conciencia de lo que ésta significa en derechos y deberes. Entre éstos, debe existir un consenso básico acerca del valor de la democracia, con sus pros y contras.

El sindicato debe incorporarse al proyecto global de sociedad democrática, el que trasciende los distintos proyectos particulares. Esto implica que toda organización sindical debe tener conciencia de los límites que tiene. El logro de sus objetivos es el interés de la colectividad, representado por el concepto de bien común.

La estructura interna de toda organización sindical y social es algo dinámico, que cambia de acuerdo a los tiempos y que se adapta a las distintas circunstancias sociopolíticas y económicas de la sociedad, con el fin de lograr el máximo de eficiencia en su acción.

No obstante, en la estructura sindical hay tres principios que deben estar siempre presentes:

Organización interna democrática, que garantice que sean los propios afiliados quienes definan y determinen los objetivos y estrategias fundamentales.

Libre elección de dirigentes con voto secreto y universal.

Uso del referéndum o consulta directa a la militancia en la toma de decisiones importantes.

El rol de los sindicatos no sólo debe ser la mera defensa de los intereses individuales y colectivos de sus miembros, sino que también debe ser la defensa y desarrollo de los intereses de la sociedad en que se encuentran.

El sindicato no es sólo una organización integrante de la sociedad, es también un actor social comprometido con la superación sus imperfecciones. Y está obligado a superarlas.

Unir a los seres humanos como trabajadores, para la defensa de sus intereses económicos y sociales comunes. Adquirir un compromiso con la persona.

Para el sindicalismo, el ser humano debe constituirse como el centro y fin de sus tareas. Cierto que la persona que trabaja tiene derechos que debe defender pacífica e irrestrictamente, pero también tiene deberes para con la sociedad, que debe cumplir cabalmente.

El sindicalismo debe tener presente que los derechos humanos no sólo lo constituyen valores de tipo individual, sino también valores de tipo social, como el derecho de libre asociación sindical, de libre elección de dirigentes, de libre negociación colectiva.

Una organización sindical debe asumir y fortalecer el sistema democrático, participativo, porque donde no existe democracia no existe el sindicalismo libre.

El sindicato es una organización que debe tener por objeto insertar a las trabajadoras y trabajadores de manera orgánica y permanente a las estructuras institucionales, en las tomas de decisiones relacionadas con sus intereses laborales.

Por eso la autonomía sindical, una legítima aspiración, es un dique para contener a quien pretenda manipular o poner a su servicio personal a una organización.

En un mundo que fomenta el individualismo, la unidad es un principio irrenunciable porque el desafío está en buscar, alcanzar y fortalecer la protección y defensa de los derechos de los trabajadores.

En ese universo, quienes integran las organizaciones del trabajo quieren ver un nuevo estilo de hacer sindicalismo. Exigen debate, explicación, respeto y ser parte de un proyecto que represente debidamente sus intereses.

Quieren creer en algo y en alguien, que los guie con transparencia, con honestidad y con la fortaleza que se requiere para vencer a la incredulidad que se ha sembrado a lo largo de mucho tiempo.

Los objetivos del presente y del futuro, deben ser la motivación para el engranaje del movimiento sindical en el que la defensa de sus derechos, de la igualdad y la justicia sean los valores fundamentales que los rijan.

El sindicalismo debe ser garantía de confianza porque para que exista la unidad deben tenerse proyectos y objetivos concretos, consultados y aprobados por las bases, lo que indiscutiblemente se traducirá en una legitimación para sus dirigentes.

El reto, sin duda, no es fácil. Pero ahí está el detalle.

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