Editorial

Irresponsable apatía

La formación de dirigentes sindicales, trabajadores que tienen el compromiso de asumirse como defensores de los derechos de las Condiciones Generales de Trabajo y los Contratos Colectivos, es una responsabilidad que ha sido relegada.

Inexplicablemente se ha adoptado un sistema natural en el que la improvisación suple la educación y capacitación de quienes buscan posicionarse para ocupar el encargo de velar por los intereses y derechos de quienes pertenecen a un sindicato.

Mientras quienes asumen el rol patronal en los apartados A y B de la Ley Federal del Trabajo mantienen la preocupación de capacitar al personal de confianza que los representa, los cuadros sindicales se dejan llevar por los tiempos para que la buena fortuna le sonría.

En lo que puede traducirse como una irresponsable apatía, la capacitación de cuadros para refresca las dirigencias sindicales ha sido relegada inexplicablemente.

Conseguir una oportunidad para investirse como representante sindical es, sin duda, la coronación de una larga carrera laboral en la que se padecen injusticias y atropellos.

Causas que se convierten en un impulso para alcanzar un cargo en el que, teóricamente, debe lucharse para erradicarlas y buscar el bienestar de la clase trabajadora.

Pero generalmente el arribo a las dirigencias son circunstanciales y obedecen a intereses de contubernio que se respaldan en la popularidad que se tiene con los agremiados a los organismos sindicales.

Actualmente, sin ignorar que ha sucedido en el pasado, quienes toman como objetivo llegar a la dirigencia sindical se olvidan de darse tiempo para construirse una estructura mental y cultural que les permita ser una garantía para defender a los trabajadores.

Conocer los contenidos legales y jurídicos de la Ley Federal del Trabajo, no lo es todo porque para las negociaciones en las revisiones contractuales y salariales deben tenerse elementos que permitan adecuarse a la realidad social y económica que impera, sin olvidarse de que las condiciones políticas también son un factor determinante.

El hecho de que las representaciones empresariales sean poderosas y que frecuentemente consideren a los trabajadores como una materia prima más, no es motivo para que el papel de los sindicatos como defensores de los derechos e intereses se conviertan en materia que pase a segundo término.

Actualizar, cambiar y fortalecer las estrategia que funcionaban y lograba conquistas en el pasado, es una obligación. Ahora esos métodos resultan insuficiente porque la realidad es diferente.

El conocimiento y la preparación son básicas  para las acciones sindicales, porque los compromisos que no son respetados, se traducen en la justificación para la movilización y la denuncia.

La política de responsabilidad social en las relaciones de trabajo, es un elemento que no puede ser ignorado.

Las trabajadoras y los trabajadores enfrentan retos y desafíos ligados a las transformaciones económicas, la sociedad y el mundo laboral viven etapas complejas.

De ahí que surge la obligación de que los dirigentes sindicales se preparen, se actualicen y busquen estar a la altura de los tiempos que se viven.

Ya no es suficiente con ser popular o vivir apapachados por los representantes patronales, ni gozar del afecto de los amigos o los conocidos que garantizan popularidad.

Los nuevos tiempos demandan nuevos compromisos y responsabilidades que van más allá de los afectos. Los sindicatos y sus dirigentes tienen la obligación de estar preparados para enfrentarlos.

El nuevo esquema social y económico reclama dirigentes a la altura de la problemática que la clase trabajadora tiene que enfrentar. Ese núcleo de empleados no admite pretextos ni justificaciones, y tampoco puede navegar a la deriva.

Los trabajadores están representados por sindicatos en las  negociaciones de cualquier tipo de contrato colectivo y no pueden, ni deben, conformarse con promesas o compromisos que la representación patronal ignore o pretenda minimizar.

La combinación de la pandemia, desempleo, informalidad y pobreza acorrala la capacidad de respuesta de los sindicatos, pero las  dificultades van más allá para las dirigencias sindicales. El bienestar social no acepta esperas ni retardos.

Los derechos fundamentales del trabajo, que implica la libertad sindical, negociación colectiva y garantía de la estabilidad familiar, obligan a que el movimiento sindical reajuste su estructura personal para no verse rebasada por una irresponsable apatía.

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