Opinión

Memoria fresca

Tras los anteojos con armazón de carey, que por cierto soportaban cristales de una alta graduación, sus ojos parecían agrandarse para dar mayor énfasis a la frase:

La lucha por la libertad y la equidad no admite desprecios ni aplazamientos.

Esa reflexión era una tesis basada en la amplia y sólida cultura que Juan Benito Coquet externaba por ser un estudioso de la realidad social.

Aquel intercambio de impresiones tenía lugar en la biblioteca de su domicilio particular, donde estaban clasificados temáticamente cada uno de los más de 10 mil volúmenes que la integraban.

Era una conversación en la que Domingo Suárez Nimo, Juan Benito y el que relata, se habían enfrascado al revisar el panorama que imperaba a mitad del sexenio del Presidente Miguel de la Madrid.

Sin que fuera una provocación, el periodista había soltado una expresión:

La maquinaria priísta no funciona con exactitud, está fuera de tiempo.

Más rápido que pronto, Coquet Ramos se apresuró a responder:

La honestidad es un lubricante para hacer que el motor de la maquinaria política funcione sin alteración alguna.

Eran tiempos en los que bajo el lema de Renovación Moral, de la Madrid Hurtado intentaba cambiar, modificar el status del Gobierno Federal.

Incluso había instruido reformar y hacer cambios en la Constitución Política Mexicana para validar los mecanismos para combatir la corrupción.

A inicios del sexenio (1982-1988), el titular del Ejecutivo Federal presentó ante el Congreso de la Unión una serie de propuestas legislativas entre las cuales estaba el decreto de reformas y adiciones a la Ley Orgánica de la Administración Pública Federal.

El 29 de diciembre de 1982 se aprueba y publica en el Diario Oficial de la Federación el decreto con el que, a partir del 10 de enero de 1983, nacía la Secretaría de la Contraloría General de la Federación.

Su creación obedecía al propósito del Gobierno Federal para tener un órgano central a través del cual pudiera instrumentarse el control, legalidad y responsabilidad en el manejo de recursos en la Administración Pública Federal.

El tema deslizado, por estar en juego y en boga, fue argumento para que Juan Benito recetara una serie de razonamientos:

La maquinaria del sistema, dijo elevando la voz para acentuar la apreciación, no admite combustibles que puedan provocar un desajuste de las piezas que deben funcionar con precisión.

Alterar o descuidar la exactitud de cada parte, es validar que la locomoción tenga consecuencias para convertirla en chatarra.

La política es el arte para detectar problemas, diagnosticarlos y de forma correcta resolverlos.

Coque era un convencido, y lo digo en pasado porque a fines del mes de mayo de este año 2022 abandono el mundo terrenal, de que la problemática social tenía que enfrentarse para encontrar soluciones.

A su muerte, nuestro amigo Víctor Manuel Tinoco Rubí en su perfil de Facebook, lo definió claramente:

Juan Benito Coquet era un excelente funcionario público, culto, con una facilidad impresionante para el análisis social y político, con una visión realista para entender y proponer soluciones reales a los problemas sociales.

Y vaya que tiene elementos para decirlo, Benito fue secretario de Educación Pública y de Gobierno en la administración de Víctor.

La certeza del ex gobernador michoacano está basada en que los cuatro (Tinoco, Coquet, Suárez Nimo y quien teclea) fuimos amigos y compañeros de trabajo en un par de ocasiones.

ENCUENTRO  CASUAL

Relato la manera en que surgió la oportunidad de construir una relación de amistad con Juan Benito.

Mientras el rotor del helicóptero producía un ruido ensordecedor, un par de jóvenes se frotaban nerviosamente las manos.

Estaban sentados, aunque parecían pegados al asiento, con desparpajo. Querían pasar inadvertidos, porque la discreción estaba ligada a su conducta personal.

Justo cuando la aeronave comenzaba a elevarse, les comenté:

Tranquilos, este aparato es muy seguro.

¿En verdad?, respondieron juntos como si se hubieran puesto de acuerdo para que las palabras sonaran a un mismo tiempo.

Nada sutil, agregué:

Sí. Al desplomarse seguro es que ninguno estemos vivos.

Para el resto de los pasajeros la broma fue motivo de risa, para ellos de angustia.

Eran tiempos de la campaña de Miguel de la Madrid y los tiernos aprendices de actores políticos trabajaban para diagnosticar la problemática nacional.

Con el tiempo, el dueto crecería como los pinos en zona boscosa.

Juan Benito Coquet Ramos y Roberto Campa Cifrián abrazarían con fervor y eficacia la política y la administración pública.

A los dos dejé de verlos por un reducido tiempo.

Iniciado el sexenio de MMH, asistí a la cobertura informativa de un evento en el hotel Camino Real. Era comida.

Repentinamente por entre los pasillos comenzó a llegar la comitiva presidencial. Presuroso Ramón Aguirre Velázquez avanzaba. Tras de él un joven sudoroso avanzaba apremiante.

Güerito, le grité, ¿Dónde Andas? Soy secretario particular de Don Ramón, respondió atropelladamente.

Pasaron un par de años y una mañana me llamó por teléfono Domingo Suárez Nimo y, sin saludo previo, me dijo:

Nos vemos a las 3 de la tarde para comer en el Shogun.

Era un restaurante de comida japonesa que estaba junto a Radio Mil en Insurgentes Sur, en la colonia Florida.

Presionado por la inquietud de los tiempos, quienes me conocen lo saben y hacen constantes bromas por la exageración que me domina, arribé media hora antes.

Ahí en una mesa, solito, estaba Juan Benito Coquet.

Luego de saludarnos, me dijo: Tengo una comida con un amigo y una persona que no conozco.

Platicamos plácidamente hasta la llegada de Domingo, quien espetó: ¿Ya se conocían? Una carcajada fue la respuesta.

Minutos después sabría que Juan Benito dejaba la secretaría particular del Regente Ramón Aguirre para convertirse en Coordinador de Asesores, equipo al que fui invitado y me sumé.

Domingo Suárez era de citas y frases certeras. Una de ellas:

De raza, le viene al galgo.

A Coquet le venía que ni manda hacer con un sastre profesional.

La intelectualidad, la cultura, la educación y la pasión por la política eran una vestimenta hereditaria.

Benito Coque Lagunes, su padre de origen veracruzano al igual que él, fue un hombre de larguísima trayectoria gubernamental.

Fue diputado federal y líder cameral. Secretario de la Presidencia de la República, embajador de México en Cuba, director general de Bellas Artes y director general del Instituto Mexicano del Seguro Social, entre muchos cargos desempeñados.

Este no es un espacio suficiente para relatar las experiencias, aventuras, travesuras, convivencias y funciones laborales que pudimos compartir.

Ambos con bibliotecas impresionantes. Ligados a lo que se da en llamar prosapia social.

Coquet Lagunes amigo y colaborador cercano de presidentes como Manuel Ávila Camacho, Miguel Alemán, Adolfo Ruiz Cortines, Adolfo López Mateos y Gustavo Díaz Ordaz.

En el IMSS fue impulsor del enorme crecimiento que tuvo en servicios médicos y en las instalaciones.

Unidades médicas, habitacionales y deportivas como el Centro Médico, la Unidad Morelos, la Unidad Independencia, Aragón y otras, fueron de su creación.

Igualmente la promoción cultural adquirió vital importancia, impulsó la creación de todos los teatros y dio paso a la aparición de albercas, auditorios y fortalecimiento de los deportes.

Este es un mínimo relato de la convivencia que hubo con ese joven apasionado del México que siempre soñó.

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