En pie de lucha

Los 26 de la 4-T

Así como a Felipe Calderón lo persigue el caso de los niños muertos en la guardería ABC; a Enrique Peña la desaparición de los 43 estudiantes de la normal de Ayotzinapa, Claudia Sheinbaum y Marcelo Ebrard quedarán marcados por el 26 muertos en la Línea 12.

Y es que la tragedia que afectó hace un año a decenas de hogares de quienes usaban la llamada Línea Dorada del Metro, se ha desviado a la lucha política entre los dos principales candidatos a suceder a Andrés Manuel López Obrador en 2024.

Si ya había fuertes diferencias entre Sheinbaum y Ebrard, que fueron compañeros de gabinete cuando López Obrador fue jefe de Gobierno del entonces Distrito Federal, la tragedia del Metro acabó por enemistarlos.

Dejando de lado las víctimas y la afectación de esa línea, que daba servicio a cerca de medio millón de personas todos los días, ambos políticos se han centrado en atacarse entre sí, a fin de que uno de ellos quede desactivado para la secesión presidencial.

Claudia fue la primera en atacar, al filtrar datos del primer informe de la empresa noruega DNV, contratada por ella misma para que hiciera un peritaje internacional del accidente, y deslindar responsabilidades penales, económicas y políticas.

Un reportaje publicado en el periódico New York Times, con datos parciales del primer informe de los noruegos, a los que la jefa de Gobierno calificó de especialistas “honestos e imparciales”, cuando los contrató, apuntaba a que la culpa era de Ebrard.

El golpe de Sheinbaum al canciller fue de tal magnitud, que provocó la reacción de éste y se desató una intensa guerra interna en la 4-T, que llegó a cimbrar al propio gabinete federal, pues todos tomaron partido por alguno de los dos presidenciables.

A tal grado escaló el conflicto, que el propio presidente tuvo que intervenir en la resolución del conflicto, y tomó en sus manos el caso, relegando a los demás.

Fue así como se urdió la estrategia de rescatar a todos, mediante la promoción de un “acuerdo reparatorio”, en el cual Carlos Slim, dueño de la empresa que construyó el tramo o colapsado, fue presionado para fondear la reparación del daño e indemnizar a las víctimas.

El empresario siempre ha negado que su empresa haya tenido la culpa del derrumbe, pero que se haría cargo de todos los gastos de reparación y de ayuda económica a los deudos de las víctimas.

¿Qué empresario acepta pagar de su bolsa miles de millones de pesos por algo de lo que no es culpable, según él?

Bueno, este acuerdo salvaba la situación de todos los implicados, pero se descuidó el reporte final de la empresa DNV, que se había comprometido a entregar su evaluación del caso en tres partes.

Los dos primeros informes sobre la caída del Metro señalaba que se debió a una mala planeación de la obra y una peor ejecución, donde faltó supervisión y se utilizaron materiales de pésima calidad.

Aunque el peso de la culpa seguía cayendo en Ebrard, se buscó culpar a “peces menores” y entonces se armaron carpetas de investigación contra los subalternos encargados de de construir y supervisar la obra, y que dieron su visto bueno para que fuera terminada.

Incluso en el camino se buscó a Miguel Ángel Mancera, que paró mas de un año la Línea 12, precisamente por el riesgo de que se pudiera presentar un accidente como el que finalmente sucedió.

En la 4-T empezaron a filtrar que al hacer las reparaciones durante su gobierno, la administración de Mancera había sobrecargado las vías con varias toneladas de materiales, lo que afectó la resistencia de las trabes.

Pero eso era meterse en el tema del mantenimiento, y era muy riesgoso, pues el gobierno de Sheinbaum ya tenía tres años operando, y precisamente en ese tiempo había sido acusado de no dar mantenimiento al STC, lo que había ocasionado varias tragedias.

Prefirieron dejar todo en el “acuerdo preparatorio” y todos felices… hasta que los noruegos de DNV entregaron el informe final, que señalaba que la falta de mantenimiento había sido clave para que se presentara la tragedia.

Que si bien la obra fue mal diseñada y peor ejecutada, se sabía de ese riesgo y no se hizo nada para evitar que colapsara.

Es aquí donde se presenta un pésimo manejo de la información y, en lugar de hacer un control de daños, Claudia buscó de nuevo culpar a Ebrard para salvarse ella misma, pero ahora fue el canciller quien filtró información del peritaje y lanzó una granada a la jefa de Gobierno.

Al verse exhibida, la gobernante trata de tirarse al piso, hacerse la víctima de un supuesto complot de la empresa noruega, a la que ella misma había exaltado como incorruptible, y la demandó por la vía civil, a fin de que el peritaje no pueda hacerse público.

Pero como en estos tiempos nada se puede ocultar, se confirmó que Sheinbaum no le dio mantenimiento a la Línea 12 a pesar del riesgo latente, y que además quiso ocultar el caso para evadir su responsabilidad.

Su administración cargará con el estigma de los 26 de la Línea 12.

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