En pie de lucha

El sapo Miguel Ángel

De poderoso dueño de la nómina del Gobierno de la Ciudad de México, Miguel Ángel Vásquez Reyes pasó a convertirse en un vil y vulgar sapo -como le llaman los cárteles colombianos a los soplones-, pues para salvar su pellejo delató a quienes lo encumbraron al poder que jamás soñó.

Y es que en menos de 10 años Vásquez Reyes pasó de chofer a subsecretario de Administración y Capital Humano de la Ciudad de México, de la mano de su tocayo Miguel Ángel Mancera Espinosa, para hacer de los trabajadores del gobierno capitalino el negocio de su vida.

Fueron tales sus ganancias que se mudó a una casa en el Pedregal de San Ángel, precisamente donde fue detenido por la Policía de Investigación el año pasado e internado en el Reclusorio Norte, de donde salió para ser testigo colaborador del gobierno.

Se convirtió en un soplón que delató a sus benefactores para librar el encierro, en lugar de aguantarse como los hombres. Porque cuando se atascó de dinero público no lloró.

A Vásquez Reyes le gustaba presumir que se había formado en las Fuerzas Armadas, allá en su natal Veracruz, pero seguramente no fue buen alumno, porque no aprendió nada sobre la lealtad y el honor que les inculcan a los cadetes.

Aunque en el gobierno de Andrés Manuel López Obrador empezó a aparecer por algunas oficinas de El Zócalo, fue con Marcelo Ebrard que tomó más fuerza, y de plano se encumbró en la administración de Mancera Espinosa.

El ex subsecretario de Capital Humano acumuló tal poder, que se dio el lujo de imponer dirigentes sindicales a los trabajadores del gobierno capitalino. Él decidía quién se quedaba y quién se iba, y nadie se atrevía a contradecirlo.

Nunca le importó el bienestar de los trabajadores, y prefirió contratar a empresas de outsourcing para hacer con ellas millonarios negocios, sin importar que los burócratas se quedaran sin prestaciones.

En los ámbitos gubernamentales y políticos cualquiera puede corroborar que, sin que alguien le pidiera dinero, él se ofrecía a financiar campañas, entregando millonarias cantidades a dirigentes de partidos políticos.

Se convirtió en una especie de mecenas, regalando dinero de los contribuyentes a los candidatos, a fin de que si ganaban le debieran el favor, y al más puro estilo de El Padrino, se los cobrara en el momento que así lo decidiera.

Pero fallo en sus cálculos políticos y no midió el tsunami moreno en la capital del país, que dejó prácticamente en la calle a sus aliados, permitiendo la llegada de varios de sus ex compañeros resentidos, que se incrustaron en el poder.

Lejos de bajar el perfil para que no le pusieran la lupa, amenazó con mover los hilos del SUTGCDMX, por conducto del hoy ex dirigente Juan Ayala, para ocasionar un caos en el Gobierno de la ciudad.

Sabía que le estaban integrando varias carpetas, pero decía tener un grupo de abogados muy picudos para evitar que las autoridades le causarán problemas.

Con todo y eso fue detenido en una primera instancia, en la que fue presentado ante el Ministerio Público, pero Miguel Ángel Vásquez Reyes uno de los amparos que le habían tramitado evitó que pisara la cárcel. Era el primer aviso, y en lugar de bajarle dos rayitas, siguió desafiando a Claudia Sheinbaum.

No lo hubiera hecho, pues la Policía de Investigación lo detuvo días después en la casa donde vivía con su familia. A los agentes no les importó que estuvieran sus pequeñas hijas, y lo sacaron de ahí para llevarlo al Reclusorio Norte, donde pasó varios meses.

Desde el principio quiso cantar, pero recibió un mensaje de que lo pensara muy bien antes de abrir la boca, y que mejor se aguantara como los machos.

Lo hizo durante un tiempo, pero al final se acogió a la figura de testigo colaborador para proporcionar información de algunos integrantes del círculo cercano a Mancera, a cambio de que la justicia fuera benévola con él.

Pero por mucho que pueda hablar y acusar a quién se le antoje, difícilmente podrá probar algo, y de hacerlo lo único que logrará será darse un tiro en el pie, pues quedaría probado que desvió millones de pesos del erario para actividades políticas.

Los acusados podrán argumentar que ellos no pidieron nada, sino que Vásquez Reyes se los ofreció -lo cual es cierto-, por lo que será él quién deba comprobar de dónde obtuvo los recursos.

Quienes saben de leyes aseguran que su testimonio difícilmente servirá para enviar a la cárcel a alguien. Lo que sí puede proporcionar son chismes sobre bienes y recursos no declarados de algunos de sus ex compañeros, pero más como chisme que como prueba.

Ese es el caso de Julio Serna, quien recientemente fue enviado al Reclusorio Norte acusado de enriquecimiento inexplicable. Ese delito no amerita necesariamente prisión, por lo que es probable que pronto salga.

Aún en caso de que le probaran algo, lo tendrá que resarcir y asunto arreglado, pero quien tendrá que dar más explicaciones será Vásquez Reyes. Por ejemplo, cómo le hizo que incluso le alcanzó para financiar su propio partido político, lo cual no es nada barato.

Por lo pronto Miguel Ángel quedará marcado para toda su vida como el sapo mayor.

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