Opinión

Desafios de la democracia

Los desafíos para la democracia global se ha convertido en tema recurrente que adquiere vigencia cuando la disputa del poder y sus espacios están en juego.

Un enorme reto para la valoración de la democracia reside en lograr que los ciudadanos, logren perfeccionar y sostener un sistema democrático, cuya esencia necesita nutrirse de la confianza en otros y en la construcción colectiva.

Contar con una agenda política que contenga los problemas estructurales más vinculados al atraso, urge al consenso para buscar soluciones prácticas y aplicables en lo inmediato.

Para México, los retos son cada día más crecientes en la materia porque las transformaciones de conceptos se vuelven virtuales y alejados de la realidad que lo atropella.

El proceso mexicano y las complicaciones que afectan su desarrollo democrático presentan aspectos muy similares a los referidos al proceso de la democracia a nivel global.

Las dificultades para generar una agenda pública positiva, como consecuencia de la polarización, con sus derivados de las fake news, los trolls, la posverdad multiplican la esencia de los procedimientos que deben ponerse en práctica.

Sobran las acciones, y sus motivos, para buscar desviar los legítimos intereses de la democracia que buscan el bien común, de quienes tienen poder económico y político y pretenden una democracia ajustada a sus intereses sectoriales o personales.

La consolidación de una sociedad diversa, con agenda e intereses múltiples, que torna compleja la intermediación política, obliga a la búsqueda de métodos y sistemas que encausen la búsqueda de potenciales soluciones.

Los partidos políticos y sus dirigentes pareciera que están dedicados a defender sus intereses particulares o sectoriales, sin importarles la causa común de las mayorías que se concentran como militancia y simpatizantes.

En las dos últimas décadas el Índice de Desarrollo Democrático (IDD-Mex) ha permitido identificar cuáles son los espacios de mejora y cuáles deberían ser los caminos para poder consolidar un estado democrático y de derecho.

Pero la realidad política y social del México ha dado vuelcos en los que los desafíos y circunstancias imperantes se han convertido en un freno y dique cuyo principal objetivo pareciera ser impedir que el sistema democrático sea una realidad.

Los retos generales que tiene México obligan a cuestionar cómo será la próxima década en ese terreno que cada día es más agreste.

El discurso ha superado a las acciones para consolidar un sistema democrático que siempre será perfectible, pero que se encuentra con resistencias para encontrar lo que debiera ser deseable.

El cambio se ha convertido en un argumento para el discurso, pero alejado de acciones que garanticen la certeza de la población, los ciudadanos tengan la esperanza de ver fortalecido un sistema que debiera ser imperante y no ignorado.

Las ópticas que se tienen y los métodos recurrentes para transitar por la vía democrática, se conjugan para cada vez estar más alejados de un procedimiento que debiera ser parte de la vida diaria y no un tema excluyente que se utiliza como argumento para vender ilusiones que desfiguran los objetivos centrales.

Desde luego que no puede pensarse en un sistema democrático donde la complacencia se universalice o tenga como principal finalidad de la uniformar criterios, porque en la discrepancia y las variadas ópticas está el enriquecimiento de las propuestas que permitan alcanzar la diversidad como punto de partida conseguir objetivos compatibles.

La democracia está alejada de un pensamiento totalitario, pero contempla opciones unificadoras en la aportación de pensamientos que permitan la consecución de esquemas válidos para alcanzar la representatividad de las opiniones más diversas.

En cada procedimiento del accionar político, debe abrirse una puerta que posibilite las expresiones que enriquezcan el contenido de un sistema en el que puedan coexistir las más diversas posturas que permitan expresar visiones plurales y no individualistas.

En principio deben fortalecerse más que los conceptos de paridad, la presencia de personas que aporten conceptos de valoración que enaltezcan la esencia de los principios democráticos y no sólo la búsqueda de incrustarse en los contenidos presupuestales.

Está a prueba el funcionamiento de las instituciones que valoran, promueven y difunden el ejercicio de la democratización, pero el dique de argumentos políticos grupales que se convierten en un freno que permitan hacer realidad un tema de discurso.

Ya es tiempo de que se imponga la congruencia y que se involucre el accionar de quienes tienen en sus manos la oportunidad de hacer un realidad un sueño que parece inalcanzable.

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