En pie de lucha

¡Hay tiro en la 4-T!

El presidente no sólo le impuso a personajes en puesto clave, como Martí Batres en Gobierno, sino que decidió hacer giras en la Ciudad de México

El más reciente movimiento de Claudia Sheinbaum para quitar de la dirección de Morena en la Ciudad de México a Héctor Ulises García Nieto, y enviar en su lugar a Tomás Pliego, tiene varias lecturas, pero la principal es que la jefa de Gobierno ya está en campaña.

Y es que aunque García Nieto es su camarada de toda la vida, desde que ambos coincidieron en la lucha del Consejo Estudiantil Universitario de la UNAM, no se tentó el corazón para correrlo, pues la hizo quedar en ridículo en las pasadas elecciones.

Él era el encargado de la operación política en la capital; no sólo para que Morena retuviera los espacios ganados en 2018, sino para que ampliara sus tentáculos, sobre todo en lo referente a las diputaciones federales, que tanto le había encargado Andrés Manuel López Obrador.

Su camarada la convenció de acepar la ayuda de René Bejarano, experto en elecciones, quien se ofreció a ser el articulador de los grupos, incluso del PRD, para que se unieran a la causa de la 4-T y retuvieran la capital.

El compromiso era ganar, cumplirle al presidente y con ello proyectar a Sheinbaum con miras a la sucesión presidencial de 2024. Pero todo salió mal, al grado que el inquilino de Palacio Nacional tuvo que dar un manotazo en la mesa y tomar la operación.

Relevó a Claudia de las tareas políticas y la obligó a correr a sus amigos académicos, a los que ella había invitado a su gobierno. Tuvo que llamar en su lugar a políticos expertos en operación electoral para intentar recuperar la capital.

El presidente no sólo le impuso a personajes en puesto clave, como Martí Batres en Gobierno, sino que decidió hacer giras en la Ciudad de México, a fin de levantarle el rating a su favorita para sucederlo.

Tras la paliza de junio, Héctor Ulises era insostenible y Sheinbaum se vio obligada a echarlo, pero le dieron la oportunidad de nombrar a su sucesor, a condición de tuviera un mejor perfil para hacer la tarea.

Propuso a Pliego, que no es tan lejano a López Obrador, y de paso ponerle una cuña a Batres, al tiempo de cerrarle la puerta a Bejarano, quien dio muestras de que sus mejores tiempos se han ido, luego de que ni siquiera pudo llevar al triunfo a Dolores Padierna en Cuauhtémoc.

El nuevo líder de los morenos en la capital fue muy cercano al matrimonio Bejarano-Padierna en un tiempo e incluso trabajó con ellos -sobre todo con Lola-, pero terminó distanciado al ser relegado en varias ocasiones para ser candidato a jefe delegacional.

Los conoce bien, pero no por ello va a coordinarse con ellos; si bien tampoco se va a pelear, la idea es que él mantenga el control de la operación en la capital, a fin de que las canicas que se junten sean para Claudia, y no se vayan a ir a parar a las manos de alguno de sus rivales.

Previo al movimiento de Pliego, la jefa de Gobierno había movido -por segunda vez en su administración- a Carlos Ulloa, quien comenzó como su secretario particular y, como no lo pudo imponer de candidato en Tlalpan, lo mandó a Seduvi.

Lo envió ahí básicamente a hacer acuerdos con los grandes desarrolladores inmobiliarios de la ciudad, que estaban enojados con la administración de Morena porque no los dejaba trabajar y estaban pediendo mucho dinero.

Ulloa dejó avanzada la tarea, que tuvo que dejar para tomar el lugar de Almudena Ocejo en la Secretaría del Bienestar; o sea, para manejar los programas sociales del gobierno.

En el tiempo que Almudena estuvo al frente de esa área no entendió bien lo que la 4-T quería de ella, al grado de que después de la derrota de junio, López Obrador acusó al gobierno capitalino de no haber sacado provecho a la política social.

En otras palabras, el presidente le reclamó a Claudia no haber puesto en marcha acciones para hacer que toda la gente que recibe ayudas y becas con el dinero público, se volcara a las urnas a votar por los candidatos de Morena.

Ante su terrible falla, la gobernante no pudo objetar nada y tuvo que tragarse los regaños presidenciales y aceptar las imposiciones que le llegaron desde Palacio Nacional, donde han tomado en control político de la gran capital.

La buena noticia para Sheinbaum es que, de ahora en adelante, ella se podrá dedicar a cultivar su imagen política ante la ciudadanía, y empezar a tejer alianzas más allá de las fronteras de la capital.

Por lo pronto ya organizó reuniones con las futuras gobernadoras del país, a fin de hacer un grupo feminista que le ayude a posicionarse como opción viable para buscar la Presidencia de la República dentro de tres años.

A todo mundo queda claro que ella es la favorita de Andrés Manuel y eso la tiene feliz, pero al mismo tiempo ha recrudecido la guerra al interior de Morena, donde sus principales rivales, Marcelo Ebrard y Ricardo Monreal, ya se unieron para enfrentarla.

Son dos monstruos que no la dejarán llegar, así tengan que ir en contra de los deseos del presidente y su partido, por lo que ¡hay tiro en la 4-T!

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