En pie de lucha

El engaño de la línea 12

Seguramente en la cúpula de la llamada Cuarta Transformación piensan que el pueblo ya no es sabio, sino tonto.

Sólo así se explica la inesperada decisión de la empresa noruega DNV, contratada por el gobierno capitalino para la realización de un peritaje sobre el mortal accidente de mayo pasado en la Línea 12 del Metro, de posponer la entrega de su segundo dictamen.

Esa consultoría, que debió haber presentado el pasado lunes 23 de agosto su diagnóstico sobre la tragedia, obtuvo un plazo extra para entregar los resultados.

Y es que a raíz del accidente, los expertos tenían dos hipótesis principales y en ambas resultaban culpables importantes actores de la 4-T, como Claudia Sheinbaum y Marcelo Ebrard, pues los que saben de esos temas aseguran que en alguno de ellos está la responsabilidad.

De Marcelo decían que fue el principal promotor para que las obras se aceleraran y pudieran estar listas antes de diciembre de 2012, pues él quería inaugurarlas antes de que terminara su ciclo como jefe de Gobierno del Distrito Federal.

Esas prisas obligaron a las empresas constructoras a hacer modificaciones al diseño y a la estructura de la colosal obra, también conocida como Línea Dorada, que fue quizá el proyecto más importante del sexenio de Ebrard.

Ante la imposibilidad de expropiar a tiempo todos los terrenos necesarios para conservar las ruta original, al jefe de Gobierno le propusieron hacerla totalmente subterránea, idea que desechó porque el presupuesto echaría lumbre.

La opción a seguir fue hacer la última parte aérea, para lo cual debieron modificar el trazo, dejando peligrosas curvas que originarían un desgaste excesivo de rieles y durmientes, sobre todo porque Marcelo decidió que los trenes fueran de rodada férrea.

No era lo más seguro, pero sí lo más barato y rápido, con lo que se podría concluir la obra en el tiempo que les habían fijado las autoridades capitalinas.

Terminada e inaugurada un par de meses antes de que Ebrard entregara el gobierno a su relevo, Miguel Ángel Man- cera, la línea dorada comenzó a transportar casi 500 mil personas diarias; la población del oriente de la capital estaba contenta.

Pero el gusto les duró un poco más de un año, pues las predicciones de los especialistas, que habían alertado sobre los riesgos de haber acelerado y modificado su construcción, se hicieron realidad; en 2013 Mancera anunció el cierre temporal de once estaciones.

Las razones fueron que, de acuerdo con el director general del Metro, Joel Ortega, el servicio no era seguro para los usuarios y se tenían que hacer reparaciones mayores, a fin de que pudiera seguir funcionando.

Más de un año después la Línea Dorada fue reabierta y la alegría regresó a los usuarios; ahora sólo hacía falta darle un continuo mantenimiento y listo.

Con sus bemoles, pero los trenes que corrían de Tláhuac a Mixcoac siguieron cubriendo su ruta, hasta la fatídica noche del 3 de mayo pasado, cuando una trabe del tramo aéreo se rompió y varios vagones cayeron al vacío, dejando 26 muertos y 80 heridos.

De inmediato comenzó una guerra mediática entra Claudia y Marcelo, culpándose mútuamente de tener responsabilidad en la tragedia. El hoy canciller por acelerar los tiempos y cambiar el diseño original, y la jefa de Gobierno por no darle mantenimiento.

La pelea entre los dos subió tanto de tono, que el propio presidente de la República tuvo que intervenir para hacerse cargo personalmente del control de daños, pues el mal manejo de la atención a los afectados les cobró factura en las urnas en junio pasado.

Aunque los primeros diagnósticos de la consultora noruega contratada señalaba a los gobiernos de Sheinbaum y Ebrard como responsables, ha trascendido que ahora se busca culpar a Mancera del desastre, porque al rehabilitarla en 2013 le metieron sobrepeso a la trabe fracturada.

Que por haber metido varias toneladas extras de materiales aumentaron considerablemente la carga, lo que ocasionó que se rompiera la trabe, que no estaba calculada para ese peso.

El dictamen que se pretende hacer tiene varias inconsistencias, pues concediendo que se le metió peso extra, eso no explica por qué faltaban piezas metálicas y había mala soldadura en las construcción original, o porque se cambiaron los planos para modificar la ruta.

Y aguas, porque en una de esas la 4-T se podría meter en camisa de once varas. Si culpa a las empresas que hicieron la reparación mayor en la época de Mancera, debería de checar si no fue la de Carlos Slim la que hizo los trabajos más importantes.

Porque si fue él, lo estarían exhibiendo como un empresario irresponsable, que no conforme con dejar mal la obra, también la reparó mal y la sobrecargó, siendo que él como constructor sabía que podía colapsar.

Ahora, aunque ya se anunció que la reparará de nuevo, pero esta vez gratis, muchos se preguntan si su empresa no tendría alguna responsabilidad penal por el accidente.

En vía de mientras, Mancera debería ir tomando precauciones, no sea que en serio de la quieran cuadrar a él

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