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La cloaca aduanal

Las frases, son recurrentes: Caiga quien caiga. Llegaremos hasta las últimas consecuencias. Las escaleras, se barren de arriba para abajo. Nadie por encima de la Ley.   

Cantaletas que se pronuncian con singular desparpajo, pero nada cambia.

Hasta de la boca presidencial han surgidos lapidarias condenas pero, pasado el tiempo, nada cambia.

El Servicio de Administración Tributaria (SAT) anunció la remoción de un par de administradores aduanales que, presuntamente, están vinculados a actos de corrupción.

Todo ya con la intervención de Horacio Duarte Olivares. El mismo al que la Comisión Permanente del Congreso de la Unión, ratificó ante  el nombramiento presidencial.

La confirmación al nuevo titular de la Administración General de Aduanas, se le cuestionó no tener capacidad demostrada en el área de aduanas.

Un sólido argumento fue que no sólo se requiere gente honesta. Quienes lo defienden, esgrimen que él participó en la Comisión que investigó las corruptelas de los hijos de Martha Sahagún, precisamente en aduanas.

La pregunta es ¿y qué pasó? ¿Fueron sancionados, encarcelados? No, andan por la vida tan campantes como si nada hubiera sucedió.

La votación final de 29 votos a favor y 6 en contra confirmó la designación. Nada nuevo.

En México existen un total de 49 aduanas, 64 salas internacionales de pasajeros y 276 puntos de revisión a lo largo de todo el país.

En el caso de las aduanas, las 49 se encuentran divididas de forma oficial en 4 diferentes áreas:

19 en la frontera norte

2 en la frontera sur

11 interiores

17 marítimas

En la frontera norte: Agua Prieta, Ciudad Acuña, Ciudad Camargo, Ciudad Juárez, Ciudad Miguel Alemán, Colombia, Matamoros, Mexicali, Naco, Nogales, Nuevo Laredo, Ojinaga, Piedras Negras, Puerto Palomas, San Luis Rio Colorado, Sonoyta, Tecate y Tijuana.

En la frontera sur: Ciudad Hidalgo y Subteniente López.

Aduanas interiores: Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México, Aguascalientes, Chihuahua, Guadalajara, Guanajuato, México, Monterrey, Puebla, Querétaro, Toluca y Torreón.

Aduanas marítimas: Acapulco, Altamira, Cancún, Ciudad del Carmen, Coatzacoalcos, Dos Bocas, Ensenada, Guaymas, La Paz, Lázaro Cárdenas, Manzanillo, Mazatlán, Progreso, Salina Cruz, Tampico, Tuxpan y Veracruz.

Una larga y extensa región porosa donde el tema que domina, son actos de corrupción.

El tema de la corrupción en aduanas ha sido tocado en las conferencias del Ejecutivo Federal. La contestación, trivial como ha sido durante décadas: No tenemos por qué ocultarlo. Ya, se acabó el negocio y el contubernio en aduanas.

Dos responsables de la Administración General de Aduanas han tenido que salir corriendo. Asustados por las presiones de grupos que manejan el contrabando de mercancías, armas, estupefacientes, miles de toneladas de ropa y demás.

Diariamente son fábrica de delitos. Y en ellos están involucrados trabajadores del SAT. Sólo falta que también quieran purificarlos y exonerar.

La comisión de  los delitos involucra a servidores públicos y a quienes de ello se benefician. Tampoco están exentas las agencias aduanales a través de las cuales se importa y se exportan productos internacionales y nacionales.

Es una red incalculable.

Más que cuidar la recaudación de ingresos para el fisco, se privilegian los grandes ingresos para quienes buscan obtener ganancias económicas al margen de la ley.

Las aduanas son una fábrica de ilícitos en los que tampoco está exento el Instituto Nacional de Migración, que requiere un trato semejante o quizá de mayor rigor.

La Secretaría de Hacienda y la Secretaría de Gobernación, tienen bajo su tutela y sus funciones a esas dependencias que han sido eternamente una cloaca de corrupción.

Ellos tienen los instrumentos legales para hacer una realidad el tan pregonado Estado de Derecho. Ellos tienen a su alcance, quién sabe si la voluntad, para combatir la impunidad.

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