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Emisarios del pasado… y del presente

Aunque los actores y los tiempos son diferentes, el fondo es el mismo.

Divergencias que rayan en el enfrentamiento. Diferencias en las que, sin participación alguna, la población en general sufre las consecuencias.

Las posturas radicales de las partes en conflicto, afectan la economía nacional, la planta productiva, la tranquilidad social y la estabilidad nacional.

Empresarios y el Jefe del Ejecutivo son los protagonistas.

En el ayer, figuras empresariales del Grupo Monterrey junto con organismos corporativos de cobertura nacional confrontados con el presidente Luís Echeverría Álvarez y su gabinete.

Durante estos días los afiliados a CONCANACO, CANACINTRA, COPARMEX, Consejo Coordinador Empresarial y demás personajes de alcurnia, enfrentados con el presidente Andrés Manuel López Obrador.

Campañas mediáticas y desafíos por ambas partes. Lo cierto que en la actualidad se suma la repercusión de una pandemia que se cierne sobre toda la población y que cobra vida.

Durante los días que corren, la otra afectación raya en el desempleo y una crisis financiera que no sólo repercute en el mundo empresarial.

Sin buscar culpables o responsables, vemos una pugna en momentos donde la unidad es un reclamo para superar la adversidad.

Los desplantes oficiales y privados, han llevado a un choque en el que la intransigencia predomina.

La colisión, incluye la terquedad. Cada uno de los antagonistas asume roles de insensatez.

En medio, cierre y quiebra de empresas. Disminución en la cobertura de salarios, despidos injustificados, jornadas incompletas de labores y, por consecuencia, nula cobertura de pagos fiscales.

Al otro extremo, la negativa para un Plan Emergente, estímulos crediticios, apoyo económico para reactivar la planta productiva y muchas otras medidas que ayuden a solventar la difícil etapa.

Pero lo más grave, es la falta de diálogo. A los desaciertos se suman la falta de interlocutores que pudieran contribuir a frenar el altercado.

La radicalización genera inquietud en el mundo financiero, los potenciales inversionistas observan sorprendidos la polémica que no encuentra caminos ni veredas para alcanzar el entendimiento.

Roto el mutismo, se arguyen elementos críticos que caminan al precipicio y a la debacle.

Todo hace imaginar que las posiciones y las discrepancias se personalizan y cancelan la posibilidad del entendimiento.

En las opciones para encontrar opciones que alcancen el entendimiento y la solución, desechan opciones de un un encuentro personal para superar malos entendidos.

Por el contrario, buscan arrinconar cada uno a su adversario. En ese afán se rehusan a privilegiar el entendimiento y las razones.

Por el contrario, nacen acciones que menosprecian y humillan el uno al otro.

Frente al riesgo del colapso financiero, los argumentos se basan en posiciones ideológicas.

Argumenta el responsable de las políticas públicas que si hay una quiebra de una empresa, pues que sea, el empresario, el que asuma la responsabilidad o los socios, o los accionistas, porque el Estado tiene que proteger a todos y no actuar otorgando privilegios. Se tiene que poner por delante el interés general.

Polemiza el sector empresarial, que refuta con la propuesta de contraer deuda para apuntalar la economía nacional.

No es la reaparición de los encapuchados de Chipinque, ni el repunte de los emisarios del pasado.

Falta quien abra una puerta de salida, no para huir o escapar de las presiones que cada cual debe argumentar para sentirse airoso, triunfante.

Alguien que posibilite el sentido común, que invite a discernir y que, con sutileza, permita transitar de manera conjunta a un desenlace en el que todos salgan triunfantes y satisfechos.

El encono no es un buen colofón para arribar a mejor estadios que permitan dejar atrás los estragos de una plaga y una crisis que ha golpeado a toda la población.

México no necesita unidos, fortalecidos y dispuestos para dejar atrás las eventualidades y lograr un porvenir en el que salgan beneficiados quienes pudiéramos superar una y otra plaga.

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