Investigaciones especiales

De la esclavitud nipona a la justicia mexicana

 El reportero Martín de Jesús Takagui Carbajo  enfrenta un pleito legal con la agencia de noticias Notimex

Descendiente de la esclavitud japonesa, el reportero mexicano Martín de Jesús Takagui Carbajo (Ciudad de México, 1962) enfrenta la batalla más ardua de su vida, ganar la mejor nota para sí mismo: que se finiquite su pleito legal con la agencia de noticias Notimex, tras un despido injustificado en 2011.

A la edad del bachillerato, Martín Takagui -nacido en el centro de la alcaldía de Azcapotzalco- decidió que quería dedicarse a las ciencias de la comunicación, porque desde ahí podría despegar a la fama, como conductor en televisión o la radio. 

“Cuando nos dan un folleto en orientación vocacional en el que se explicaba a lo que se podrían dedicar los comunicólogos, yo dije: ‘Quiero ser comunicólogo, yo quiero ser famoso, salir en la tele o ser productor de programas de radio, porque con solo hablar, del otro lado, quien te escucha, debe echar a volar su imaginación. El radioescucha debe vibrar con lo que le dices a través de la radio’”, dice Takagui, a quien también los orientadores le precisaron que incluso podía ser periodista estudiando esa carrera. Martín se dijo para sus adentros: “Yo no quiero ser periodista”.

Detalla que por aquellos años él escuchaba a KalimánLa Tremenda Corte… “Me encantaban las radionovelas”.

Ingresó a la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM), campus Xochimilco, donde concluye la carrera tras cinco años, y no cuatro, por su rebeldía, por los amigos, por la novia, por el trabajo de hojalatero que compaginaba con los estudios, pero cuando reprueba es su madre, Sara Carbajo, quien le da un jalón de orejas.

“Yo no sé cómo le hagas, eres muy rebelde, pero tú tienes que acabar con los estudios. Y entonces sí acabé la carrera”, recuerda Takagui, quien agradece a su madre por los consejos que siempre les dio a él y a todos sus hermanos que obtuvieron títulos universitarios, una doctora, otra sicóloga, cita dos casos.

La construcción del ferrocarril en México

Martín Takagui, como es conocido en el medio periodístico por sus colegas, recuerda muchas pláticas con su abuelo Mojei Takagui Hara, quien llegó a México vía marítima con un grupo de japoneses víctimas de trata de personas.

El abuelo paterno le contó que allá por 1907, en la isla de Fukuoka, al norte de Japón, se presentaron unos hombres que les hablaron a los esclavos de los cultivos de arroz de la posibilidad de salir del país y llegar a América. Algunos fueron convencidos con la promesa de una mejor vida, luego de que les tramitaron sus papeles para abandonar su patria los embarcaron hacia el otro lado del mundo,

El grupo de hombres, en su mayoría jóvenes (el abuelo Takagui entonces tenía 17 años), arribó al puerto de Manzanillo, en el estado de Colima, donde lo explotarían aún más en la construcción del ferrocarril en México, proyecto del presidente Porfirio Díaz. Mojei se cansó y con un amigo escapó de la explotación mexicana. Huyó hacia el norte de México con el objetivo claro de cruzar la frontera y llegar hasta Estados Unidos. Lo intentó tantas veces pudo, en algunas ocasiones lo logró, pero era deportado. Desistió cuando se enamoró de algunas mujeres mexicanas. 

Dejó las ciudades fronterizas y vino a la Ciudad de México y aprendió diversos oficios, como el de electricista y cocinero, conocimientos que transmitió a su hijo, al padre de Martín Takagui, quien también aprendió electricidad.

“Yo platicaba mucho con mi abuelo. Hombre tenaz, inteligente, bueno. Encontré rasgos de su personalidad en mí, por eso también soy tenaz y no me dejo, me defiendo de las injusticias”, dice el reportero. 

El abuelo murió en 1982, a la edad de 96 años de edad, naturalizado mexicano.

El salto a la prensa escrita

El primer contacto de Martín Takagui con los periódicos fue un trabajo que obtuvo en el área de la “síntesis informativa” en el PRI, donde fue contratado con el salario mínimo. Entraba a las 5 de la mañana, y recortaba periódicos. 

“Ahí empezó la carrera periodística de Martín Takagui, en marzo de 1985”, dice el reportero, quien esboza una gran sonrisa al recordar ese momento. “Entonces éramos recorteros, no reporteros”.

Martín Takagui recuerda a su amigo Andrés Brito, quien además de trabajar en la síntesis del PRI también se empleaba en el periódico Cuestión.

“Andrés me dice un día que en ese periódico necesitaban a un ayudante de la sección policiaca. Pagan igual el salario mínimo. No lo pensé dos veces y le entré”. Luego de unos meses en Cuestión, Takagui es invitado a trabajar en El Heraldo de México, también en la sección policiaca.

“Mi primera nota de primera plana fue cuando el fiscal especial para el caso del periodista asesinado Manuel Buendía dio una conferencia para ofrecer una recompensa para quienes dieran datos sobre ese crimen, cometido por sujetos a bordo de una moto. Era la primera vez que México ofrecía recompensas. Mi nota se firmó como Marín de J. Takagui”, recuerda el reportero, quien reconoce que sus jefes valoraron “mucho” su trabajo, porque luego le asignaron diversas fuentes de la sección política.

Indica que cubrió la Asamblea Legislativa, cuando era la Asamblea de Representantes, en 1989.

Dice que de todos los medios de los que se ha ido siempre ha sido porque mejoró su perfil y sus habilidades para el reporteo. “Pero siempre de la mejor manera”.

“En 1996, ya titulado, casado y con dos hijos, me voy de El Heraldo, porque llega otra oportunidad de mejorar las condiciones económicas. La oportunidad se da porque en distintos ámbitos se daban cuenta de mi potencial reporteril, y por ello nunca salí mal de ningún medio”.

“A mí me fue mucho mejor antes que ahora. Ahora enfrento un conflicto legal por un despido injustificado y sé que se va a hacer justicia, porque confío en las instituciones”, señala sobre el pleito legal que mantiene desde 2011 con la agencia de noticias Notimex, que lo despidió injustificadamente. 

“Es una agencia que ha pagado mal a los reporteros”, indica el reportero, quien dice que después de Notimex hay vida, pero se debe concluir este proceso, que se me reconozcan mis derechos laborales y se repare el daño económico, porque ahí están las leyes.

 

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