La piel del camaleón

Juan Ayala: el tiempo todo lo cobra, y en especial las traiciones

No es que pretenda parafrasear a Rene Bejarano con aquello que el tiempo todo lo cobra en un mensaje en el que se le notan sus emociones respecto a Rosario Robles, pero es evidente que a Juan Ayala caro le salió haber traicionado al abogado Alejandro Velázquez inmediatamente después de haber asumido la dirigencia sindical de los trabajadores del Gobierno de la Ciudad de México.

Una inadecuada asesoría jurídica respecto al juicio que debió haber emprendido en su frustrada intención de retornar a la dirigencia sindical, lo condenó a quedarse en la orillita, sin posibilidades reales de revisar el acta del congreso de julio pasado en el que se invalidó la toma de nota que de manera irregular le hubiese permitido mantenerse al frente de la organización hasta 2023.

En efecto, como lo estableció el Juzgado Noveno de Distrito en Materia de Trabajo en la Ciudad de México al sobreseer el amparo que tramitó contra la toma de nota que reconoció la elección de Héctor Castelán Moreno como su sucesor, la vía era un juicio de nulidad ante el Tribunal Federal de Conciliación y Arbitraje.

El juicio de amparo procedería una vez que el laudo en contra de la nulidad le fuese adverso. El problema es que el operaba en su contra: como es del dominio público, Castelán Moreno fue electo para una gestión que concluye el próximo 10 de eneto de 2020.

Sin embargo, habría obligado al TFCyA a analizar con detenimiento el acta del congreso, documento que le sirvió de base para el reconocimiento a Castelán Moreno, en el cual los integrantes de la mesa directiva del congreso encabezados por Miguel Ángel Reyes Guerrero, debieron haber asentado que la mayoría de los delegados votaron por: el cambio al temario de la convocatoria, dejar sin efectos la toma de nota que le permitía mantenerse en la dirigencia otros cuatro años y la elección del nuevo presidente del Sindicato Único de Trabajadores del Gobierno de la Ciudad de México (SUTGCDMX).

En la demanda de amparo, entre otras cosas el ex dirigente sindical sostiene que no se leyó la plantilla de Castelán Moreno, no se votó su elección y tampoco protestaron los cargos del comité ejecutivo sindical.

Al haber equivocado la vía, el juez Carlos Anuar Jaimes Torres consideró que era procedente sobreseer la demanda sin entrar al análisis del fondo del asunto.

Desde las dos primeras resoluciones del juez, el ex dirigente sindical debió haber asumido que algo iba mal: se le negó la suspensión provisional del acto reclamado y la procedencia de una queja administrativa.

El tiempo le cobró muy caro la actitud asumida contra el abogado Velázquez Méndez, quien desde hacía más de una década le generó condiciones jurídicas que le permitieron, en julio de 2011, convencer al gobierno de la ciudad que entonces encabezaba el ahora canciller Marcelo Ebrard, para que lo apoyara y fuera candidato a la dirigencia sindical, pese a no estar en la lista de posibles sucesores de Enrique Hanff Vázquez.

Aupado en la dirigencia sindical, una de sus primeras acciones fue desconocer al abogado Velázquez Mendez, en una de sus peores traiciones. Ni siquiera tuvo la decencia de pagar un adeudo de 20 mil pesos a una abogada de ese despacho -ex trabajadora, por cierto, del Gobierno de la Ciudad-.

Velázquez Mendez, uno de los mejores abogados en materia laboral del país -entre sus logros destaca el registro del sindicato de controladores aéreos, contra todos los pronósticos en 1999-, no hubiera cometido un error de estrategia de la magnitud del que dejó fuera de la dirigencia sindical de manera definitiva a Ayala Rivero.

Seguramente el ex dirigente sindical tendrá toda la vida para arrepentirse de ese y otros errores igual de graves que cometió, como pretender impulsar una federación alterna a la Federación de Sindicatos de Trabajadores al Servicio del Estado (FSTSE), en una traición al ex senador Joel Ayala Almeida.

¿Cuántos años ha gozado de comisión sindical en la plaza que ocupa en el Centro Nacional de Rehabilitación? Si bien es cierto se la otorga Marco Antonio García Ayala en su calidad de presidente del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Secretaria de Salud (SNTSA), lo ha hecho con la venia del presidente de FSTSE.

Ni siquiera en 2007 cuando desempeño el triste papel de vociferante contra la aprobación de la nueva Ley del ISSSTE, de la que el ex senador fue el primer impulsor, ordenó le quitaran ese beneficio.

Igual que su ex asesor, Mauro Manuel Sánchez Méndez, quien pudo jubilarse gracias a los años que gozó de comisión sindical en la Secretaria de Salud gracias a la benevolencia del presidente de la FSTSE. En pago, ahora habla mal de él, como lo hace de muchos, incluido el que esto escribe metiéndose incluso en cuestiones familiares -¿solo es cobardía cuando tocan a los suyos?-.

Otro a quien traicionó Ayala Rivero fue a José Medel Ibarra, quien en 2001 y pese a no ser un dirigente relevante, lo designó secretario de prensa en atención a una sugerencia -es un mea culpa-. Es importante recordar que en ese entonces pidió ser secretario de trabajo y conflictos.

Sin duda una de sus peores traiciones fue haberles dado la espalda al grupo de Trabajadores del Sistema de Aguas de la Ciudad de México (SACMEX), a quienes en el año 2000 encabezó en la demanda por la incorporación al salario de dos prestaciones económicas. Una vez ganado el juicio -tramitado por cierto por el abogado Velázquez Méndez-, aceptó una indemnización muy por debajo de la que le correspondía, sin importarle que algunos de sus compañeros fallecieron en el trayecto con viudas e hijos dependientes.

Tiene razón la canción: el tiempo todo lo cobra…

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