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“Cuando el destino nos alcance”; crisis de pensiones

A 44 años de su aparición en el celuloide, el director de la película: “Cuando el destino nos alcance”, Richard Fleischer, nunca imaginó que su obra tendría sorprendentes alcances premonitorios. Estrenada en febrero de 1974, la historia versaba sobre  la alarmante escasez de alimentos que aquejaba a la sobre poblada ciudad de Nueva York, con más de 40 millones de habitantes en el año 2022,  a consecuencia del desastre ecológico.

La selecta clase gobernante optaba por alimentar a la hambrienta población con un producto denominado Soylent rojo y amarillo que al paso del tiempo se convirtió en Soylent verde, cuya materia prima supuestamente era plancton marino, pero que en realidad se elaboraba con restos humanos de ancianos a los que ofrecían una muerte tranquila y placentera en un sitio denominado “El Hogar”, donde luego de apreciar en una pantalla, por 20 minutos, lo bello que era el mundo que conocieron, eran sacrificados sin enterarse que serían el alimento del resto de la población.

El actor, Charlton Heston, encarnó al  Detective Robert Thorn, quien descubre toda la verdad sobre la forma en que los políticos ocultan el origen del Soylent verde a millones de personas y engañan a los ancianos con una benevolente muerte asistida para convertirlos en galletas. Por supuesto que hace cuatro décadas nadie hubiera imaginado que millones de adultos mayores  podrían estar condenados, no a terminar como materia prima para elaborar alimentos, pero si a enfrentar una vejez aterradora por la miseria que les espera al ver reducidas a su mínima expresión sus pensiones.

La minoría política que en la referida cinta controlaba a la población mayoritaria y mostraba la más absoluta insensibilidad para con los ancianos guarda mucha similitud con los responsables de los organismos globales  que ante el tema de las pensiones públicas ven la pronta muerte de los ancianos como  la mejor salida para evitar la quiebra de muchos gobiernos que abandonaron las políticas sociales y robaron millonarios recursos de las pensiones  para acrecentar sus  fortunas personales.

Hace dos años  la Directora del Fondo Monetario Internacional (FMI), Christine Largade, señaló enfática sobre el futuro de millones de ancianos en el planeta: “Algo habrá que hacer para que no vivan tantos años,  porque son una amenaza para la economía”.

En esa misma ruta del  tétrico  “aniquilamiento” social, se situó el ministro de finanzas de Japón, Taro Aso, quien declaró: “El problema de las pensiones públicas no se resolverá a menos que se den prisa a morir los ancianos”.

Desde su arribo al gobierno de la Ciudad de México, el hoy presidente electo, Andrés Manuel López Obrador, implantó una política social a favor de la gente de la tercera edad, y ahora estará por verse si en el agudo tema de las pensiones y la opacidad en el manejo de los ahorros de millones de trabajadores, apoyará con su partido un cambio de rumbo legislativo  que frene el saqueo perpetrado por los voraces banqueros que operan las Afores, creadas en el gobierno de Ernesto Zedillo, en 1997, al haber desaparecido el antiguo sistema solidario por el de cuentas individuales y que como vaticinara el cineasta, Richard Fleischer, conducirá a los ancianos al exterminio, no por la misma vía expuesta en su película, pero sí por la marginación y el hambre.

Las cifras en el corto plazo hablan de un panorama desolador para aquellos trabajadores que se jubilarán en los próximos cuatro años; es decir, la generación de las cuentas individuales que no recibirán una pensión más allá del 30 por ciento de su último sueldo, cuando la promesa del gobierno de Zedillo y de los banqueros fue que el beneficio sería de al menos un 70 por ciento.

En más de dos décadas, los banqueros y sus Afores no han rendido cuentas a los ahorradores a pesar de que las pérdidas por invertir de manera equivocada,  o dolosa,  dinero que no es suyo ascienden a más de 600 mil millones de pesos, de acuerdo a datos de la Consar. En el Estado de México, una de las primeras tareas del nuevo congreso local de mayoría morenista, será revertir los cambios a la Ley del ISSEMYM que son una verdadera regresión social al imponer el modelo de copago a los derechohabientes para que ellos, con sus magros recursos, solventen sus medicamentos y determinadas cirugías cuando su costo, de acuerdo a las autoridades, exceda lo cotizado por el trabajador.

El presidente nacional del Instituto Mexicano de Ejecutivos de Finanzas (IMEF), Fernando López Macari, acaba de asegurar que el equipo de transición de López Obrador ve con buenos ojos la propuesta de este organismo en el sentido de  alentar una reforma que homologue  todos los sistemas de pensiones en México, para que funcionen bajo un esquema de cuentas individualizadas, como el SAR y las Afores; contemplando un alza en la contribución y aumento en la edad de retiro.

La pregunta es si el nuevo gobierno no tomará parecer a los directamente afectados y quienes, a final de cuentas, son los que aportan los recursos  a las Afores, organismos financieros a los que podemos apostar doble contra sencillo, no aguantarían la menor auditoría ciudadana.

Iniciativas de organizaciones sociales  tendientes a revertir esta desigual situación que tiene a las puertas de la miseria a millones de mexicanos a jubilarse en la próxima década, ya están radicadas en el Congreso y los diputados y senadores de MORENA, tiene ahora la palabra y la responsabilidad histórica de evitar que los ancianos de México terminen convertidos en Soylent verde, porque el destino ya nos alcanzó.

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