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La refundación del PRD

Una vez pasado el huracán llamado Andrés Manuel López Obrador, que los dejó con una mano atrás y otra adelante, los perredistas se aprestan a la refundación de lo que les quedó del partido, que en otros tiempos fue hegemónico y hoy son parte de la chiquillada.

A estas alturas no sólo el PRD, sino la izquierda en general está fraccionada, pues la opción ganadora aglutinada en Morena está integrada por políticos provenientes de todos los partidos, y acabaron formando un mazacote que está lejos de ser un verdadero partido.

Si bien los morenos arrasaron en las elecciones, es claro que eso se debió a la votación anti-sistémica que ejercieron los mexicanos, en venganza por lo que ellos consideraron como malos gobiernos.

El asunto es que Morena no puede considerarse aún como partido político, sino más bien como una agrupación aglutinada en torno a un solo hombre, a una sola figura que es el inestable López Obrador.

Al igual que los demás partidos, los morenos también deben refundarse porque sus estatutos básicos no van con lo que se convirtieron: un grupo que recibió lo mismo a perredistas que a priístas, panistas, delincuentes y militantes de la extrema derecha.

Por eso, aunque apaleados, los perredistas tienen que levantarse y buscar reinventarse, por la sencilla razón de que son la única opción política que podría aglutinar a la izquierda. Pero no a la izquierda radical, sino a la moderada.

El sol azteca debe recolectar sus pedazos y unirlos con los que quedaron en otros partidos que también fueron pulverizados, a fin de crear una opción más social-demócrata en donde quepan todos.

Es decir, en una izquierda moderna como la que se ha hecho del poder en varios países de Europa, por ejemplo, donde no han sido necesarios los cambios radicales, sino las acciones de inclusión corriéndose todos al centro.

Esta reinvención del PRD tiene que comenzar por fuerza en la Ciudad de México, que es el lugar donde nacieron y donde concentraron el poder, hasta perderlo en julio pasado luego de una escisión de ellos mismos.

En lugar de ponerse a llorar o de convertirse en una oposición que a todo diga que no, los perredistas deben actuar con inteligencia, como opositores responsable y, sobre todo, propositivos para puedan ser vistos como una nueva opción en caso de que Morena falle.

Y en este reacomodo pueden entrar, sin ningún problema, personajes del PRI, del Movimiento Ciudadano, del Verde Ecologista, Panal, Humanista y demás chiquillada, porque en el fondo tienen coincidencias.

Todos ellos podrían incluirse en la corriente social-demócrata y aprovechar para deshacerse del lastre que en que se han convertido sus dirigentes y los grupos de poder al interior, que los han llevado al desgaste y al fracaso.

Por ejemplo, los priístas que perdieron todo y que se quedaron de nuevo sin Presidente de la República ni mayoría en los congresos, están en libertad de tomar un nuevo rumbo, sobre todo en la CDMX.

Y es que en la capital, a pesar de que muchos consideraron como acertada la campaña de Mikel Arriola para jefe de Gobierno, la verdad es que lograron su votación más pobre en la historia de las elecciones capitalinas.

Además de derrotado, el partido tricolor quedó hecho añicos y sus liderazgos podrían optar por apoyar una nueva fuerza en alianza con perredistas y demás chiquillada. A fin de cuentas todos vienen de la misma rama: el PRI.

Los únicos que no cabrían en este espectro serían los del PAN, pues son una derecha recalcitrante que, si bien aceptó una alianza electoral para tratar de llegar al poder, no comulgan en absoluto con las ideas de la izquierda.

El PAN tendrá que seguir su camino de manera solitaria; el PRI buscará rehacerse a nivel nacional con lo que le quede, pero en la capital es probable que se vacíe si hay una nueva opción política que los incluya.

Y al PRD no le queda más opción que transformarse en un movimiento más dinámico, y dejar el cascarón a los viejos caciques, para que expriman otro poco más la franquicia siendo un partido satélite que les reditué unos cuantos pesos.

Pero si bien es cierto que hay un camino claro hacia dónde ir, será necesario que los perredistas olviden sus rencillas, acepten el mensaje de la derrota y se olviden de la soberbia que los hundió en la ciudad.

Deben empezar a trabajar desde ya, haciendo llamados a la sociedad civil e incluyendo nuevos actores para que logren una refundación auténtica, y no pretendan un cambio de piel con los mismos actores.

Aquí cobrarán vital importancia los líderes territoriales que fueron desplazados en julio pasado y que, al quedarse sin nada, tendrán el tiempo para pensar en cómo armar una nueva opción política con los huesos del PRD.

Será muy difícil convencer a los veteranos que se niegan a dejar el lugar a los jóvenes, pero habrá que convencerlos de que el momento de la jubilación ha llegado, pues a estas alturas no puede ser que verdaderas reliquias de la política ocupen las pocas curules.

Y por supuesto el encumbrar nuevas figuras no pasa por el camino que tomó Morena, el Verde Ecologista o hasta el Panal, por ejemplo, que lanzaron como candidatos a cantantes, futbolistas y hasta a strippers.

Las nuevas figuras deben ser líderes sociales provenientes de los sectores juveniles, pues hay que entender que el mundo ahora es diferente y que sin la visión de las nuevas generaciones en la política, el país no podrá caminar al ritmo de los tiempos modernos.

Por lo pronto el PRD comienza la lucha interna por lo que el vendaval les dejó.

El único problema es que, si bien todos coinciden en que llegó la hora de la refundación, nadie se atreve a levantar la mano para tomar el liderazgo de la reforma que se requiere, porque en el fondo siguen pensando en repartirse los pedazos que quedaron.

A ver quién es el guapo –o la guapa- que sale a enfrentar a los caciques del partido y a obligarlos a que se retiren para cristalizar un recambio. Lo único cierto es que ya se tardaron mucho y el tiempo se va como agua.

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