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La inexistente equidad de género en los sindicatos

El Día Internacional de la Mujer conmemora la lucha de la mujer por su participación en  igualdad con el hombre, en la sociedad y el desarrollo íntegro como persona. La ONU dispuso su celebración el 8 de marzo.

A finales del siglo XVIII y principios del XIX, el movimiento obrero mantenía una posición tradicional de corte patriarcal en relación con la igualdad de la mujer y sus reivindicaciones. Será a mediados del siglo XIX cuando los movimientos reivindicativos de la mujer tomen fuerza: lucha por el sufragio femenino, la reivindicación de la igualdad, la denuncia de la opresión social, familiar y laboral. Surgieron entonces los denominados movimientos sufragistas.

La participación de las mujeres al interior de las organizaciones gremiales en México no es algo nuevo, desde la propia creación de los sindicatos las mujeres han trabajado junto a los hombres en la lucha por la defensa de los derechos laborales y de un trabajo digno. Sin embargo, la representación de las mujeres en los Comités Ejecutivos y en las instancias de gobierno de los sindicatos es, en varios casos, casi inexistente.

La discriminación de las mujeres en el ámbito sindical constituye una paradoja, pues aun cuando los sindicatos ante la discriminación que padecen sus agremiadas han incluido en su agenda de trabajo la lucha por erradicarla, todavía le restan importancia a la discriminación que sufre la población femenina dentro de los sindicatos.

Se debe aprovechar la capacidad y visión femenina en la conducción sindical a través de incluirlas en los puestos de dirección.

Se conoce como equidad de género a la defensa de la igualdad del hombre y la mujer en el control y uso de los bienes y servicios de la sociedad. Esto supone abolir la discriminación entre ambos sexos y que no haya privilegios entre ellos.

De ahí que podamos establecer, por tanto, que para lograrlo tendrían que haber dos factores determinantes. Por un lado estaría la igualdad de oportunidades y por otro, la creación de una serie de condiciones determinadas para que se puedan aprovechar las citadas oportunidades. El Estado, por lo tanto, tiene que garantizar que los recursos sean asignados de manera simétrica

Las mujeres que ocupan puestos de dirección en los Comités Ejecutivos Nacionales y locales de las organizaciones sindicales son realmente pocas, la proporción entre hombres y mujeres en estos niveles de dirección sindical no es equitativa.

Uno de los elementos fundamentales para la inclusión de la mujer en el ámbito sindical es la conformación de instancias responsables especializadas en temas de género que asesoren, organicen y promuevan la participación de las mujeres trabajadoras a nivel económico, político, social y cultural. Estas instancias son, por lo general, secretarías o colegiados inscritos dentro de los Comités Ejecutivos.

Para una verdadera modernización sindical y una participación social efectiva de los sindicatos en la sociedad mexicana, resulta urgente que éstos avancen en la cultura de la equidad de género, en la que las mujeres cuenten con instrumentos que protejan sus derechos y les permitan acceder a espacios de representación sindical, lo que significaría una verdadera inclusión encaminada a una verdadera democracia.

Implementar la perspectiva de género en la organización sindical significa en primera, cambiar los procesos internos que contribuyen a mantener alejadas y segregadas a las mujeres en la vida y decisiones de la organización. Al mismo tiempo implica necesariamente analizar las metas sobre el que la organización debe actuar.

Las medidas que apuntan a desarrollar un papel de las mujeres en los sindicatos a través de grupos, son una apuesta para introducir las trasformaciones necesarias comenzando por la estructura numérica de la organización sindical. Se trata de influir en la cultura de la organización y en sus procesos y a introducir la perspectiva de género en la acción sindical y en la negociación colectiva.

Si los sindicatos buscan lograr la igualdad de género en el trabajo, defendiéndolo como un derecho humano fundamental, deben ser ellos los primeros en mostrar que la equidad forma parte integral de sus estructuras y políticas organizacionales, promoviendo la adecuada representación de mujeres y hombres en todas las áreas.

La discriminación de las mujeres es una paradoja; se incluye su participación  pero no se les dan cargos

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